Rafael Ortega Basagoiti

Del Mozart pacifista al progreso de los ladinos

Pues ya tenemos aquí a Idomeneo, una preciosa ópera del gran Mozart con argumento basado en la guerra entre griegos y troyanos, con la Ilíada en el fondo de la cuestión. Ya les anticipé en una entrega anterior que tanto el Real como el propio Carsen, en la entrevista publicada recientemente por Scherzo, avisaban que en lo que vamos a ver no hay nada de la herencia de la Ilíada ni cosa que se le parezca. El titular que presidía el habitual correo del departamento de marke… digo, de comunicación, del Real, es suficientemente explícito: “Alegato Pacifista en tiempos revueltos”. Toma nísperos. Y si el Wagner de las sedas y terciopelos resultó ser un “visionario ecologista” en la producción que Carsen nos ha presentado hace poco de El Oro del Rin, Matabosch ya declara que Mozart tiene una vena pacifista que no se aguanta ni él mismo: “El alegato humanista de la ópera resuena en la actualidad con una contundencia singular ante esas imágenes de refugiados que escapan a través del Mediterráneo de guerras y de destinos muy similares a los que intuyó Mozart hace más de doscientos años”. Así que ya saben, de refugiados va la cosa. Y más. Nos avisa también Matabosch: “Robert Carsen nos mostrará que el monstruo marino que ha enviado Neptuno es el mismo Idomeneo, que siente íntimamente –o así lo teme Mozart– la necesidad de destruir a su hijo para preservarse él mismo. Pero el gesto de Idamante de asumir sobre sí mismo la falta del padre cerrará el círculo. Idomeneo cederá el trono a su hijo para que gobierne Creta junto a Ilia, la hija de sus enemigos. Un dios ilustrado perdona la promesa, marca un camino de acercamiento generacional, impone la reconciliación entre los enemigos y retorna la paz al reino”. Esto de que el monstruo marino que ha enviado Neptuno sea el mismo Idomeneo tiene tela. Me estoy acordando con cierto pavor de aquella ridiculez de un Freischütz de Weber en el que Samiel resultó estar encarnado por una señora. Eso sí, por actores que no quede. La nota de prensa habla de 170 entre actores y coro… no está mal. Esperemos que al menos no hagan mucho ruido y no arruinen la música como en el Preludio de El Oro del Rin. La cosa se va a emitir el día 23 de febrero por Radio Clásica, y posteriormente en diferido por Mezzo y Palco Digital, así que quienes no puedan (o no quieran) acudir al Real siempre pueden sentarse a ver la función en la tele, que siempre permite con más facilidad salir corriendo si el asunto se pone feo. También se hará un DVD… aunque servidor, me temo seguirá acudiendo al que Harnoncourt grabó para el festival Styriarte. En fin, cruzaremos los dedos.

Mientras el Real sigue a lo suyo, o sea productos de segunda con precios de primera, el amigo sinónimo, digo, sin ánimo, acaba de ofrecer su versión “bolo” de Rigoletto, con una orquesta de cámara (5 violines primeros, cinco) y precios que de bolo se han librado. No tengo ahora a mano el precio de esa función que ya ha pasado, pero no andaría muy lejos de los 69€ que cobra por el próximo bolo, La Flauta Mágica.

Fuera de la lírica, en apenas dos días consecutivos hemos tenido a Pollini y a Kissin en Madrid. No pude, y bien que lo siento, ver al ruso, pianista extraordinario y en alza. Sí acudí a ver a Pollini, y la reseña correspondiente aparecerá en breve en la versión impresa de Scherzo. Pero ciertamente no es grato comprobar el serio declive físico del milanés, ya desde sus andares en escena. Queda, claro, la sabiduría, el rigor intelectual, los ramalazos, sobre todo en algunas de las piezas lentas, del gran pianista que ha sido. Pero por desgracia, los dedos ya no van, y cuando afrontó la segunda propina (el tremendo Estudio Op. 25 nº 11 de Chopin) la cosa estuvo a punto de venirse abajo. Aquí pueden leer la crítica de El País para los dos conciertos mencionados, y la de Codalario:

Crítica El País: https://elpais.com/cultura/2019/02/13/actualidad/1550044076_160822.html

Crítica Codalario: https://www.codalario.com/madrid/criticas/critica-dos-reyes-del-piano-en-madrid-maurizio-pollini-y-evgeny-kissin_7797_5_23990_0_1_in.html

Por último, hay que señalar que hace unos días tuvo lugar la investidura de Miguel Ángel Gómez Martínez como Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Madrid. El discurso del maestro granadino merece ser escuchado porque atiza unos cuantos mandobles certeros a cosas como el tema educativo, tan culpable del secundario, o terciario lugar que la música clásica tiene en nuestro país. Pueden ver el discurso aquí: https://www.youtube.com/watch?v=SYhqO3WvRbE&feature=youtu.be. Como el enlace es del acto entero (dos horitas), si quieren ver el discurso del maestro lo encontrarán desplazando el cursor hasta alcanzar el tiempo de 1h 04 min. Para muestra baste un botón. Dice el maestro: “Hace sólo décadas, un artista con talento podía esta casi seguro de hacer carrera. Esta máxima, hoy no se cumple en la mayoría de los casos. Actualmente, gracias a que la mayor parte de los teatros y salas de conciertos están sometidos al dominio de quienes no saben sobre música, pero saben mucho sobre cómo alcanzar su propia ambición, se produce la paradoja siguiente: es mucho más difícil que un honesto músico con talento triunfe; mucho más fácil es que triunfe un músico sin talento, con otros talentos más prosaicos…. Este fenómeno comenzó a acelerar su auge en la década de los 80 del siglo pasado, pero que ha ido aumentando de intensidad conforme ha ido aumentando el tiempo… Cuantos artistas que hoy en día son famosos, se destacan por la ausencia total de dotes musicales importantes, tales como carencia de ritmo, de la voz… incluso carencia de inteligencia, y estoy hablando de figuras muy conocidas. Eso sí, sus dotes para medrar han sido tan extraordinarias como sus carencias artísticas, y puede que no sean talentosos, pero sí que han sido muy listos, ladinos… Considero terrible para los jóvenes talentosos que su futuro artístico se mida por otras capacidades que no sean las debidas: su talento, su honestidad y su excelencia musical”. Tiene toda la razón Gómez Martínez, y yo, como los detectives de Tintín, los inefables Hernández y Fernández, “aún diría más”. En el mundo que vivimos priman, en efecto, otras capacidades y virtudes, y la apariencia, la propaganda y eso que ahora llaman “networking”, y que antes se llamaban relaciones (la clásica “agenda”) priman más que ninguna otra cosa. Lobbies de influencia (¿les suena a los instrumentistas de cuerda el poder tan grande de los músicos del Este de Europa en España?), de relaciones personales… por no hablar de las maquinarias de marketing movidas por las discográficas. Habla el maestro de los teatros y salas de concierto. Yo meto en el saco a más de un gerente de orquesta y, por supuesto, a los gobernantes de turno, que, sean del signo que sean, parecen ponerse de acuerdo en una lamentable coincidencia: todos son intelectualmente sordos, incluso aunque no padezcan hipoacusia. De manera que la música para ellos ocupa un lugar perfectamente descriptible: ninguno. Pero son muy astutos, como el zorro de la foto. Así nos luce el pelo.

 

 

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