Rafael Ortega Basagoiti

Toca padecer

Mientras la psicodélica producción de La Calisto domina estos días el escenario del Real (prometo reseña en cuanto acuda la semana que viene), hemos visto estos días por Madrid a un joven pianista ruso estupendo (Dmitry Masleev, mi reseña para Scherzo aquí: http://www.scherzo.es/content/madrid-cr%C3%ADtica-brillante-masleev-por-rafael-ortega-basagoiti), y a otro también ruso ya bien conocido pese a su juventud (Daniil Trifonov). Y hemos padecido el patinazo de Christie con La Pasión según san Juan de Bach, según daba cuenta desde estas mismas líneas al día siguiente del evento. Como estamos en tiempo de Cuaresma, esto del padecimiento hay que intensificarlo. Hay que mortificarse, oye. Así que también hemos padecido otras cosas.

Por ejemplo, seguimos padeciendo a Darío Prieto, que, inasequible al desaliento, continúa dando desde las páginas de El Mundo muestras de una pertinaz ignorancia que negocia con total desparpajo y sin que la frecuencia cardíaca se le altere lo más mínimo. Vamos, que le importa una higa que la gente se percate de que, de la cosa musical, el susodicho no tiene ni repajolera idea. Ya patinó el bueno de Prieto, más de una vez, con ocasión del Concierto de año nuevo, y ya comenté desde estas líneas sobre lo cansinas, a fuer de inexactas, que resultaban muchas de sus afirmaciones sobre tal evento, sobre Christian Thielemann o sobre el hecho de que nunca hubiera dirigido el concierto en cuestión una mujer, como (sin que sea noticiable, según Prieto) tampoco lo ha dirigido un español, ni un inglés, ni un ciudadano de Camberra. No conforme el juntaletras con lucir su desconocimiento de la materia del concierto vienés y de la situación de las directoras de orquesta en el panorama musical mundial, estos días ha decidido emular a Waldteufel y su conocido (para otros, evidentemente seguro que no para Prieto) Vals de los patinadores, con un artículo (en realidad un publirreportaje previo al concierto de Christie comentado antes) en el que se descuelga con otro disparate, en esta ocasión sobre la interpretación de la música barroca. Para Prieto, la revolución de la interpretación de música barroca cumple ahora 40 años, es decir, que data de 1979 (https://www.elmundo.es/cultura/musica/2019/03/21/5c92ed44fdddff385b8b46e4.html). Me cabe la duda de si le ha pasado como a aquel alumno despistado al que le preguntaron por la música barroca y contestó tan pancho: “Creo que hay un error, se refieren a la Música Marroca, que es la de los moros de Marruecos”… Mire Sr. Prieto, a ver si de esta se entera, y ya que cobra por ello, al menos deje de castigar al personal escribiendo disparates o tonterías, que no sé qué es peor. Ya no para finales de los setenta, sino para cuando Christie (1944), protagonista de su publirreportaje, era un chaval, había unos cuantos señores que habían impulsado, desde diferentes centros, esa “revolución”, de la que Christie, lo siento, es solo una segunda o hasta tercera oleada. Eduard Melkus (1928) fundó en 1949 el Cuarteto vienés de violas de Gamba junto a Nikolaus Harnoncourt (1929-2016), que, a su vez, poco después (1953) fundaría el Concentus Musicus de Viena, conjunto pionero en la interpretación de la música antigua y barroca (Prieto, barroca ¿eh? No la de los moros de Marruecos, a ver si la liamos). Christie en aquel momento tenía la tierna edad de 9 años y no creo que tuviera en la cabeza revolución alguna. El gran maestro holandés Gustav Leonhardt (1928-2012) fundó el Leonhardt Consort dos años después, en 1955. Para mediados de los sesenta, Harnoncourt ya había ocasionado un terremoto de dimensiones más que considerables en el mundo de la interpretación de la música antigua, primero llamado historicista y ahora “históricamente informada”. Sus primeras grabaciones de las grandes óperas de Monteverdi y de los oratorios de Bach datan de esas fechas. También por entonces inicia la primera grabación completa de las Cantatas de Bach, empresa discográfica de gran calado que ha merecido, con toda justicia, toda clase de premios. Christie, por entonces, apenas se asomaba a la edad adulta. Un tercer elemento fundamental fue el holandés Frans Brüggen (1934-2014), y un cuarto Sigiswald Kuijken, nacido el mismo año que Christie y cuya Petite Bande encabeza esa segunda oleada (fue fundada en 1972), en la que también hay que situar a los English Baroque Soloists de Gardiner (finales de los setenta), que es apenas un año mayor que Christie. Y antes que a Gardiner, ya que he tornado a mirar hacia el Reino Unido, conviene recordar también a David Munrow (1942-1976), fundador del Early Music Consort junto a Christopher Hogwood (1941-2014) en 1967. Por tanto, señor Prieto, espero que con estos datos quede suficientemente claro que para finales de los 70, la “revolución” de la que usted habla y que considera nacida en esa fecha, tenía ya más de un cuarto de siglo de recorrido y era, en círculos melómanos bien informados, algo ya bien establecido, con nombres que han sido absolutamente capitales y pioneros en la misma, muy por encima del director de Buffalo, William Christie. Otro cantar es que la “aceptación” de muchos postulados de lo históricamente informado por parte de los músicos “tradicionales” se haya revelado imposible en algunos casos (los Solti, Barenboim y compañía) o se haya hecho esperar bastante en otros (caso de Abbado, Jansons o Rattle), aunque finalmente hayan llegado también a las orquestas modernas (lo que no hace sino demostrar la solidez de su fundamento). Naturalmente, no se iba a conformar Prieto con el primer patinazo. Tenía que producir más para asegurar que el padecimiento cuaresmal del personal no merma. Así que, como en tiempos pretéritos con la “pertinaz sequía”, atacó Prieto poco después con su “pertinaz mantra” de las mujeres que según él, no se comen un colín en la música clásica española (https://www.elmundo.es/cultura/musica/2019/03/20/5c925d02fc6c83e75d8b457b.html). Titula Prieto su reportaje nada menos que “El drama de las mujeres en la música clásica española”. Toma ya. Cualquiera que lo lea piensa que las mujeres andan abriéndose las venas en los escenarios de la piel de toro. Dice la noticia que “las asociaciones Clásicas y Modernas, Mujeres en la Música y Mujeres Creadoras de Música en España (AMCE), en colaboración con la Fundación SGAE” han presentado un estudio en el que se demuestra la infrarrepresentación de las mujeres en la música sinfónica española. No les voy a castigar reproduciendo los datos que Prieto presenta en su pieza. Solo insistir, una vez más, que, como en ocasiones anteriores, se manipula la información para vender el mensaje de esa “infrarrepresentación”. Que las autoras españolas supongan el 5% de los compositores programados en los conciertos o el 5% de los directores de los mismos, cuando hay un 29% de tituladas superiores en composición y un 24% en dirección, me temo que, por desgracia para Prieto, no demuestra nada. Porque hablamos, ya lo hemos dicho en otras ocasiones, de estadios diferentes en la evolución profesional. Pretender que a un recién titulado le empiecen a programar obras poco menos que al día siguiente de su graduación o que a una directora le ocurra algo parecido es no estar en la realidad. Compare el Sr. Prieto naranjas con naranjas. Compare evoluciones en años, y verá como la presencia femenina no hace sino crecer. Por cierto, ¿por qué sólo habla de Dirección de Orquesta y Composición? ¿Por qué no habla de cuantas pianistas, o violinistas, o violonchelistas, hay? ¿Tal vez porque igual se le rompe el discurso? Mire Sr. Prieto, algunos estamos ya más que cansados de que, además de ignorante consumado, pertinaz e incansable, intente usted manipularnos vendiéndonos “motos sin ruedas”. A ver si El Mundo empieza a confiar la escritura de la cosa musical a gente más conocedora del asunto. Qué cansancio, señor. Pero como la mortificación no para, también hemos padecido la enésima aparición del mediático y mercadotécnico Lang Lang, pianista sencillamente insufrible pero que gracias a la cantidad de chinos que hay en China mueve una maquinaria comercial de primera magnitud. Nos está vendiendo su último bodrio, dedicado a la archiconocida bagatela de Beethoven Para Elisa, sobre cuya autenticidad, al menos en cuanto a su forma definitiva, ha expresado documentadas dudas una persona que sí sabe, y mucho, de la materia: el musicólogo y pianista Luca Chiantore. Esto ha servido para que escuchemos de nuevo sandeces del calibre de “el mejor pianista del mundo” (me da la risa, qué le vamos a hacer) y otras por el estilo. Pero se ve que va en el padecimiento de esta época del año. Si es por padecer, a este paso vamos a terminar como aquella doncella en la obra de Jardiel, sufriendo de una manera bárbara. Supongo que después vendrá la indulgencia, porque si no, no sé cómo vamos a resistir tanto petardo.

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