Rafael Ortega Basagoiti

La sabia grandeza de lo bello sin añadidos

Madrid. Auditorio Nacional. Sala Sinfónica. CNDM. Ciclo Universo Barroco. 11-VI-2019. J.S. Bach: Misa en si menor BWV 232. Dorothee Mields, Hana Blazikova, sopranos. Alex Potter, contratenor. Thomas Hobbs, tenor. Kresimir Strazanac, bajo. Orquesta y Coro Collegium Vocale Gante. Director: Philippe Herreweghe.

Poco puede decirse de nuevo sobre la Misa en si menor de Bach, monumental fresco del contrapunto y, como bien titula Pablo J Vayón en sus notas, la gran misa católica de un luterano convencido. La colección de bellezas, la combinación de lo antiguo (como en los pasajes del Credo, varios, donde aparece el cantus firmus sobre un complejo tejido fugado) y lo genuinamente barroco, la devoción contrita del espeluznante Agnus junto a la exaltación del Sanctus o el Dona nobis pacem final, el estremecido dolor del Crucifixus o el júbilo alegre del Et resurrexit son tan solo algunos momentos de una partitura, otra más, que nos hace una y otra vez quedarnos extasiados ante el genio del Cantor.

Genio indiscutible que ha servido, y sigue sirviendo, de inspiración y enseñanza a todo músico que se precie. Lo dije en su momento, con ocasión de la última visita de este conjunto belga con su fundador al frente: Herreweghe se ha erigido, y más aún tras la muerte de Harnoncourt y Leonhardt, en el sumo sacerdote de la interpretación de las grandes obras corales de Bach. Si en aquella ocasión pareció extraordinaria su lectura de la monumental Pasión según san Mateo, en esta no ha causado menos impresión su interpretación de la colosal Misa. El belga, cuyo gesto nunca fue de gran amplitud ni claridad, afrontó el concierto, según se nos informó por megafonía, con el húmero fracturado, y de hecho salió con el brazo derecho en cabestrillo. Supongo que de ser correcta la afirmación (quiero decir, que fuera una fractura y no una fisura o una luxación de hombro), debía estar en una fase algo avanzada de recuperación, porque el cabestrillo fue muy poco después del comienzo arrojado al suelo y, aunque con limitaciones, el brazo derecho no permaneció completamente estático e incluso se permitió, en los saludos, el aplauso a muchos de sus colaboradores. Bien es cierto que, en la retirada, Herreweghe echaba mano a su hombro derecho, evidentemente resentido del esfuerzo, absolutamente encomiable en todo caso. Pero poco importa la cosa gestual. Herreweghe conoce a sus conjuntos a la perfección, y ellos a él, de manera que con movimientos mínimos consigue lo que pretende. Y lo que pretende no es otra cosa que servir la música con una contenida pero natural fluidez, con una equilibrada sobriedad, manejando con sutileza de cirujano matices e inflexiones, pero sin estridencia ni grandilocuencia alguna. Es la suya una visión que parece decir: “Miren, esta música genial y bellísima es lo suficientemente elocuente y emocionante de por sí; toca directamente la espiritualidad de las personas (independientemente de su fe o no, esa es otra cuestión), y no hacen falta ingredientes añadidos porque su grandeza se hace evidente por sí misma”. Y, en efecto, ese sabio equilibrio, esa sensación de que “todo se presenta como tiene que ser”, esa sensación que vivimos tantas veces con Leonhardt (aquella memorable Pasión según san Juan en Cuenca) de que esa música tenía que ser servida de aquella forma, fue justamente la que tuvimos ayer en el Auditorio Nacional. Magnífica interpretación que lo fue más porque la grandeza vino de la sobriedad y de dejar hablar a la música, no de efectos sobreañadidos o exagerados. La prestación del magnífico coro del Collegium Vocale (18 voces repartidos en 3 sopranos I, 3 sopranos II, 4 altos y contratenores, 4 tenores y 4 bajos) fue absolutamente modélica. Perfectamente empastado, expresivo y respondiendo con absoluta precisión a las demandas de su fundador. Estupenda también la orquesta, encabezada por una acertada Christine Busch, con mención especial para los veteranos oboístas Ponseele y Kitazato y las notables trompetas (De Rudder, Verhaert y Roscam). Cumplió el trompa Cypers, pese a algún esporádico desliz, su comprometidísimo papel con la trompa natural, y sonó muy bien, aunque no sobrado de volumen, Patrick Beuckels en el traverso. Los solistas vocales, todos miembros del coro (sabido es que en estos tiempos raro es el concierto que cuenta con presupuesto para fichar cantantes de campanillas en estos casos), explican bien por qué el coro canta como lo hace. Buenas voces, con estupendas líneas de canto, aunque generalmente no grandes en volumen. Los triunfos fueron sobre todo para el contratenor Potter, magnífico toda la tarde, pero muy especialmente en un estupendo Agnus Dei, y para la soprano Mields, claramente superior a su colega Blazikova, bastante corta de volumen. Cumplieron más que dignamente Hobbs y Strazanac. Pero por encima de todo queda el magisterio bachiano del veterano pero siempre discreto Herreweghe, un músico sensible y sabio. El suyo fue el triunfo (bien reconocido por un público entusiasta) del servicio a la música: cuando la sobria contención no hace sino engrandecer una belleza que ya es en su esencia suficientemente grande.

La contraportada del programa constituye un anuncio de la temporada 2019-20 que mañana se va a presentar públicamente. No podré asistir a la presentación, entre otras cosas porque la invitación ha llegado demasiado tarde (hoy; no es el único fallo reciente de comunicación del CNDM: el retraso del concierto de ayer, anunciado a las 19:00 y luego celebrado a las 19:30, no nos llegó a muchos). Pero valga el resumen que comento ahora desde estas líneas. El próximo universo barroco lo componen siete conciertos más uno extraordinario. El extraordinario (7 de abril de 2020) lo ofrecerá Cecilia Bartoli con un programa Vivaldi. Habrá que ver en qué condición llega la veterana mezzo italiana, acompañada por los discretos Musiciens du Prince-Monaco. El ciclo como tal se abre con Los Músicos de su Alteza y el estreno en tiempos modernos de Coronis de Durón y Cañizares. Les Arts Florissants vienen con Christie y Paul Agnew (no se cómo se va a organizar esa “co-dirección”) en un programa (Handel, Purcell, Charpentier, Lully y Rameau) que puede irles bastante mejor que el Bach desafortunado de este año. Vuelve también el Collegium Vocale de Gante, de nuevo con Bach (selección del Oratorio de Navidad) y bajo la dirección del antes tenor Christoph Prégardien, para el que firma una incógnita como director. Uno de los puntos potencialmente más interesantes del ciclo lo constituye el Orlando de Handel por Il Pomo d’Oro, que cuenta con el atractivo añadido de las presencias de Fagioli y Nuria Rial y que estará dirigido por Francesco Corti, al que conozco en su faceta de excelente clavecinista pero que también es una incógnita como director. Interesante la visita de la excelente Isabelle Faust con la Akademie für Alte Musik de Berlín, que, bajo la dirección de su concertino Bernhard Forck, ofrecerá un programa con obras de J.S. Bach y C.P.E. Bach. Repite otro habitual de este ciclo, Europa Galante, que con Biondi y reparto vocal que incluye las bien conocidas Prina, Im, Genaux e Invernizzi ofrecerá el infrecuente Silla de Handel, llevado no hace mucho al disco por estos mismos intérpretes. El último concierto del ciclo (porque el último en realidad es el extraordinario de Bartoli) es un interrogante, me temo: la Pasión según san Mateo por el conjunto vocal Vox Luminis y la orquesta barroca de Friburgo. La versión estará dirigida por el líder de Vox Luminis, Lionel Meunier, con Raphaël Höhn como evangelista. Aunque no tengo total seguridad, me temo que lo que vamos a tener en este concierto va a ser una ración de “una voz por parte” y quienes me siguen saben que pienso que eso es un despropósito sin fundamento, por mucho que Rifkin, Parrott y algunos otros (el converso Kuijken también) se rasguen las vestiduras. Ojalá no sea así y en lugar de una Pasión esquelética, podamos gozar de algo que se acerque a lo logrado por Herreweghe con esta partitura y en este ciclo recientemente.

Aprovecho la ocasión para ofrecerles el enlace al último seminario del ciclo pianístico, que impartí en Tres Cantos el pasado mes de mayo: https://www.youtube.com/watch?v=t1erAQ3bxPI&feature=youtu.be

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5 thoughts on “La sabia grandeza de lo bello sin añadidos

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