Rafael Ortega Basagoiti

Il fatto è serio

La verdad es que no pensaba escribir una nueva entrada de blog hasta mi crónica sobre Giovanna d’Arco de Verdi (en versión de concierto), a la que asistiré mañana. Pero esta mañana me he despertado con una noticia que no puedo dejar de comentar. Según eldiario.es (https://www.eldiario.es/madrid/Comunidad-Madrid-oposiciones-catedratico-conservatorio_0_920758492.html) las oposiciones para varias plazas de catedrático de conservatorio en la especialidad de cuerda, convocadas en la Comunidad de Madrid por primera vez en treinta años (ya les vale) han sido suspendidas en mitad del proceso (en realidad cuando estaban a punto de finalizar), porque medio tribunal ha renunciado por “discrepancias en la valoración del ejercicio práctico”. Así las cosas, y mientras se nombra un nuevo tribunal, hay 13 candidatos que ya habían pasado una serie de pruebas y que quedan ahora en posición de “ya veremos”. Como solía decir un amigo mío, se quedan como Horacio, con una nalga en el espacio. Pero, bromas aparte, como en el famoso aria de Bartolo en Las Bodas de Fígaro sobre La vendetta, bien puede decirse que il fatto è serio. Por lo que dice el diario digital, se recibió en la Consejería de Educación un escrito de uno de los aspirantes diciendo que le había sido filtrada información muy fiable con los nombres de los ganadores de algunas de las plazas convocadas. Si esto es cierto (y desgraciadamente hay en este país antecedentes de esto y de más) debería abrirse una investigación a saco que terminara con la destitución fulminante de los implicados. Conozco profesores que llevan décadas en situación de interinidad porque no se convocan plazas. Igual que conozco músicos que llevan años en situación de refuerzos y empleo precario porque a las orquestas ahora les mola lo de tener menos plantilla y llamar refuerzos. Que después de 30 años (nada menos) de no convocar plazas tengamos que asistir a la chapuza de una suspensión a la mitad mediando una denuncia de posible tongo y con la espantada de medio tribunal es un hecho que solo tiene un calificativo: impresentable. Ya llevamos una trayectoria lamentable en muchos casos con el tema de las audiciones y plazas en las orquestas (recuerden a nuestro sempiterno amigo «Desierto»). Y también llevamos demasiados años en España (y me temo que no solo en España) asistiendo a la encarnación continua del famoso refrán “el que tiene padrinos, se bautiza”. Aquí parece que estaba para ganar el que más voltios tenía. Habrá que ver si con la investigación que se haga le da calambre al enchufado de turno… o no. Y esperemos que el proceso para otras especialidades (piano entre ellas) se desarrolle con normalidad y transparencia. Todo este lamentable espectáculo debería hacernos reflexionar, además, sobre otro asunto de calado: el de la demanda. El otro día tuve la oportunidad de charlar largo y tendido con James Conlon, que dirige estos días la Giovanna d’Arco mencionada al principio de este artículo (publicada en la web de Scherzo: https://scherzo.es/james-conlon-el-unico-protagonista-es-el-compositor-y-su-obra/?fbclid=IwAR0SGX5APhzq2i0skptokFNuz1Fxa1Q60cH3-oYOcn2gNs1nF_H0GdjnfzI). Justo al final, y hablando del asunto de los nuevos públicos y la necesidad de atraerlos, el director neoyorquino hacía una reflexión de enjundia: tenemos un buen flujo de nuevos músicos, excelentemente preparados. Tenemos “oferta” de músicos, pero muchos no tienen trabajo… porque no hay suficiente demanda. O cuidamos la educación desde la infancia, o implicamos a los niños en el mundo de la música clásica, o el público irá, poco a poco, desapareciendo. Si además de este problema, no aseguramos que los profesores de conservatorio sean realmente los mejores, y se producen situaciones como la relatada en estas oposiciones “frustradas” en Madrid, no lo vamos a tener nada claro. Por cierto, que con Conlon hablé, entre otras cosas (lo pueden comprobar en la entrevista) del famoso protagonismo/dictadura de los directores de escena, y comentamos el exceso propagandístico que atribuye la obra al director de escena antes que (e incluso en lugar de) al compositor. Cuando, tras la entrevista, me quedé a la rueda de prensa posterior de presentación de Giovanna d’Arco, el director general del Real, Ignacio García-Belenguer, inició la misma con un parlamento dedicado, sin pudor alguno, al autobombo. Lo estupendos que son, lo bien que lo hacen y el pedazo de temporada que han ofrecido. Aquello de “nosotros somos los buenos, nosotros, ni más, ni menos”. Y, qué casualidad, mencionó el (para mí demencial) Idomeneo … de Robert Carsen. Conlon me miró y me sonrió con complicidad, como diciendo… “vaya, justo lo que comentábamos hace un rato…”. No tienen remedio, qué lástima. Pero este menosprecio permanente del compositor lo acabaremos pagando. Al tiempo.

 

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