Rafael Ortega Basagoiti

Verdi sostiene lo que otros no pueden

Teatro Real. 25/VII/2019. Verdi. Il Trovatore. Artur Rucinski (El Conde de Luna). Hibla Gerzmava (Leonora). Marina Prudenskaya (Azucena). Piero Pretti (Manrico). Roberto Tagliavini (Ferrando). Cassandre Berthon (Inés). Fabián Lara (Ruiz). Moisés Marín (Un mensajero). Coro y Orquesta Titular del Teatro Real. Director musical: Maurizio Benini. Director de escena: Francisco Negrín.

Despedía el Teatro Real la temporada 2018-19 con una de las piedras angulares del repertorio operístico. Il Trovatore tiene un ritmo dramático casi frenético, se sitúa en las antípodas del estatismo escénico, y Verdi responde a la intensidad de la acción con una música que combina con magistral talento un ritmo vibrante y un juego de tensiones dramáticas en el que aparecen oportunos remansos de sensibilidad exquisita, una suerte de catarsis intercaladas con extrema sabiduría. Cada personaje retratado musicalmente con el pincel extraordinariamente preciso y diáfano de Verdi. Música, en una palabra, absolutamente genial de principio a fin. Momentos como el aria del conde en el segundo acto (Il balen del suo sorriso) o esa maravilla que es el aria de Leonora en el acto final (D’amor sull’ali rosee) se dan la mano con páginas trepidantes como el famoso Di quella pira que cierra el acto tercero. El hecho es que desde la intervención inicial de Ferrando con su relato aterrador de la historia del Conde de Luna, Verdi nos pone literalmente en el borde de la silla y la atención no se disipa ni un segundo hasta el final. Es de esas obras en las que el tiempo, como la misma acción, como la propia música, parece volar a velocidad supersónica. Eso sí, la partitura, como tantas de Verdi, es endemoniada, y demanda cuatro cantantes de verdadero fuste para asegurar que el barco se mantiene a flote. Cuatro… o cinco, porque las intervenciones de Ferrando, más breves en duración, demandan mucho en lo vocal y ocurren además en momentos clave, como el precitado relato del principio de la obra. Música con mucho que cantar y con mucho que dirigir, por el propio ritmo y por los cambios que se producen, por la sutil orquestación, que demanda de la batuta mucho más que una capacidad de concertación, porque hay mucho detalle instrumental, de planos y de sutileza expresiva que requieren una expresión cuidada. Me temo, sin embargo, que lo que hemos podido ver en el Real ayer (segundo reparto en todos los papeles menos en el caso de Azucena, encarnada en un tercer reparto por la rusa Prudenskaya, que ya hizo el papel en Berlín con Barenboim) ha estado muy lejos de hacer justicia a la soberbia música del compositor de Busseto. La soprano rusoabzaja Hibla Gerzmava presentó una Leonora de mucho cuerpo y volumen, pero el vibrato resultaba a menudo demasiado tenso y eléctrico, y la emisión se destemplaba hasta el grito en el agudo. Cantó con buena intención dramática pero esa tendencia estridente y metálica y la evidente limitación para la coloratura belcantista, disimulada a menudo con lo que parecía un “cuasi portamento”, dejaron su labor en lo discreto, aunque, tal vez por la magnitud de su volumen, fue la gran triunfadora de la noche. El italiano Pretti tiene las notas, pero su voz, de emisión algo engolada en el agudo, resultó, por el contrario, pequeña y falta de vibración expresiva. Apenas audible en el trío final del primer acto (la batalla de volumen la ganó Gerzmava por goleada) su Di quella pira resultó blandito y corto de épica, como en una especie de quiero y no puedo. Prudenskaya pareció también algo entubada en unos graves que parecieron demasiado forzados en el color. Se encontró la rusa algo más a gusto en la zona media y aguda, pero con todo, su prestación resultó corta de intensidad dramática. Del cuarteto principal fue el barítono polaco Artur Rucinski quien ofreció el resultado más convincente. Lució una bonita voz, buena línea de canto y muy expresivo y natural en su traducción del mencionado Il balen del suo sorriso, admirablemente concluido. Convincente, aunque no excepcional, Tagliavini en su retrato de Ferrando, muy adecuados cumplidores Lara y Marín, y bastante floja la Inés de Cassandre Berthon. Estupendo, como de costumbre, el coro, y muy buena prestación orquestal (se jubilaban 5 miembros de la orquesta en la función de ayer, y fueron largamente ovacionados justo antes del comienzo del acto III; hubiera sido un detalle sacarlos a saludar al final). La dirección de Benini fue aseada y mejor empastada que lo que vi por televisión el día del estreno, pero no consiguió evitar algún desajuste con la escena y, con excepción de momentos de mejor intensidad en el acto IV, pareció un tanto tosca y rutinaria, escasamente sutil para resaltar la tensión y riqueza de expresión que hay en la genial partitura verdiana. La tensión vino, en fin, de la propia música, mucho más que de los intérpretes que la sirvieron con bastante más apuros que brillantez. Respecto a la producción de Negrín, me temo que más de lo mismo. En el actual clima de restricción económica por un lado y de fiebre revisionista por el otro, se nos plantean decorados multifuncionales donde, como decía Plácido Domingo, se podrían encuadrar Il Trovatore o La flauta mágica, porque en esos muros con paneles deslizantes, en esos vestuarios indefinidos, cabe casi todo. Negrín parece sugerir un ambiente casi de zombies, lo que proporciona alguna visión algo chocante, como la escena de los gitanos al principio del acto II. Pero como nos hemos llegado a conformar, ay, con evitar las boutades, pues en su defensa hay que decir que al menos no salía nadie vestido de faraón, ni se dedicaban a jugar al tenis ni aparecían, por una vez, los sempiternos gabanes nazis con los subfusiles correspondientes. Eso no evita, por desgracia, encontrar detalles que, aunque no irritantes, no aportan nada y son difíciles de explicar. Que el relato inicial de Ferrando sobre la espeluznante historia del Conde se lo haga a cuatro niños en lugar de a los soldados (de apariencia zombie, eso sí) que (libreto dixit) lo solicitan, tiene difícil digestión, sobre todo porque uno se imagina a los cuatro pobres chavales tratando de conciliar el sueño inútilmente durante varias noches tras el aterrador relato. No tiene tampoco mucho sentido que se cuiden poco otros detalles, y que cuando Leonora canta “la oscuridad me confunde” coincida de pleno con el momento de máxima iluminación del escenario. Y habría más, pero para qué extenderse. En fin, para lo que hemos visto, cabe decir que la labor del bisnieto del que fuera presidente de la II República al menos no nos echa para atrás como otras que hemos sufrido con paciencia de Job durante esta temporada, aunque esté lejos de encandilar. El resumen es: la música genial de Verdi es capaz de sostener una escena feucha y sosa, un cuarteto vocal cogido con alfileres y una dirección musical del montón. Lo de siempre, vamos. Como de costumbre les dejo un listado de reseñas aparecidas en otros medios (aunque casi todas referidas al primer reparto). Y les dejo también el enlace a la interpretación íntegra en video (existe DVD) ofrecida en la Ópera Estatal de Viena, en 1978, con Plácido Domingo (Manrico), Piero Capuccilli (Conde de Luna), Raina Kabaivanska (Leonora), Fiorenza Cossotto (Azucena) y José van Dam (Ferrando), con el Coro y la Orquesta de la Ópera Estatal de Viena dirigidos por Herbert von Karajan, que fue asimismo responsable de la producción escénica. A Karajan le ponían a escurrir como escenógrafo, pero qué quieren que les diga… al que suscribe le gusta bastante más que lo que hemos visto aquí.

Reseñas:

Primer reparto

El Mundo: https://www.elmundo.es/cultura/musica/2019/07/05/5d1e9ac9fdddff13a28b46c9.html

Beckmesser.com: https://www.beckmesser.com/critica-il-trovatore-pasado-rescoldo-ceniza/

El País: https://elpais.com/cultura/2019/07/04/actualidad/1562236484_993342.html

ABC: https://www.abc.es/cultura/abci-fenomeno-verdi-201907051833_noticia.html

Codalario: https://www.codalario.com/il-trovatore/criticas/critica-il-trovatore-de-verdi-en-el-teatro-real–bajo-la-direccion-de-maurizio-benini_8257_5_25507_0_1_in.html

Segundo/tercer reparto:

Beckmesser.com: https://www.beckmesser.com/critica-trovador-2-3-reparto/

Verdi – Il Trovatore – Video de la Ópera de Viena, 1978: https://www.youtube.com/watch?v=Ugexzr8YLG0

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2 thoughts on “Verdi sostiene lo que otros no pueden

  1. Hola.. se aprende mucho leyendo tus crónicas. Muchas gracias. Especialmente simpático lo de los chicos escuchando el horripilante relato y pensando en que igual tendrían pesadillas.

    1. Mil gracias Ana, me alegro que lo veas así, si a los lectores les sirve y enseña es un estímulo para seguir intentando hacerlo mejor. Lo de los chicos es que me pareció absurdo, los pobres chavales escuchando el relato aterrador de la gitana condenada y su hija quemando al bebé que luego resultaría ser su propio hijo… como para conciliar el sueño. Uno de esos absurdos escénicos que nos comemos todos los días…

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