Rafael Ortega Basagoiti

Grande en el corazón y la bondad

Hace ahora dos años que empecé a pensar en abrir este blog, cuya primera entrada publiqué en julio de 2018. Cuando me encontraba en la fase de diseño del mismo, comencé a dar vueltas a posibles nombres. Se me ocurrieron algunos que compartí con las personas más próximas a mí, y les pedí sugerencias adicionales. El nombre que más tarde sometí en ese círculo a votación junto a otros, y que finalmente fue el que conocen de enfumayor.com, fue una sugerencia de mi queridísimo hermano Luis. Una más de muchas, sobre ideas, sobre contenido, sobre tantas cosas.Me permitirán que hoy, atravesado por el dolor más lacerante que he experimentado en muchos años, de hecho, probablemente el más lacerante que recuerdo, escriba estas líneas en su recuerdo. Luis nos dejó en la madrugada del 20 de marzo tras batallar infructuosamente contra el llamado virus de la crueldad, el maldito Covid-19, a pocos meses de cumplir los 70 años. Cruel maldición la que nos ha arrebatado a un hermano demasiado pronto, bordeando la misma edad a la que, hace ya casi 34 años, nos dejó nuestro padre. La crueldad sobre la crueldad, bien podría decirse.

Porque si cruel es perder a un hermano siempre, mucho más lo es cuando ello ocurre sin que ninguno de nosotros, desde su mujer y sus hijos hasta sus hermanos y su madre, hayamos podido despedirnos de él. Estremecedoramente cruel es no haber tenido siquiera el calor de nuestro mutuo abrazo. Horrorosamente cruel es, en fin, tener que comunicar a tu madre la espantosa noticia, probablemente la peor que una madre puede recibir… ¡por teléfono!

Creo que quien no haya pasado por una tesitura como esta probablemente no puede ni imaginar las toneladas de impotencia, de rabia y de dolor que se acumulan en apenas unos minutos. Fatal coincidencia que, apenas hace unos días, en un artículo para Scherzo sobre el impacto que el dichoso virus estaba teniendo sobre el mundo musical (https://scherzo.es/cuando-todo-esto-pase/), me refiriera a la perversa combinación de incertidumbres e impotencias como una tormenta psicológica perfecta. Y también un terremoto emocional indescriptible.

En la soledad del aislamiento forzoso, con el opresivo, ominoso silencio como fondo en la primera noche (la segunda, en realidad, porque la víspera ya amenazaba la sombría conclusión), ese silencio que se alía con la ansiedad para devorar vorazmente el aire que respiras con dificultad, el que finalmente le faltó a él, pasó por mi cabeza toda una vida junto a Luis, muy cerca de él. Una vida en la que hemos compartido muchas cosas: la afición al fútbol, al tenis (que jugamos mientras nuestros físicos lo permitieron) y, en años recientes, al golf, del que disfrutábamos juntos todas las semanas.

Pero de todas las cosas que hemos compartido, es la música la que ha estado más especialmente presente. Luis fue siempre, diría que apenas desde la adolescencia, el sabio y prudente líder que nos guio y sirvió de ejemplo a todos los hermanos. En ese y tantos otros papeles compartió conmigo muchísimas parcelas de la vida. Me precedió en unos años (los casi 7 que me sacaba en edad) en la Escolanía de Nuestra Señora del Recuerdo, me acompañó, junto a otra de mis hermanas, Paloma, como tutor cuando viajé con la Escolanía a Italia a cantar, cuando apenas era un chaval. Estuvo junto a mi madre cuando canté con la Escolanía la Pasión según san Mateo en el Real, con Frühbeck de Burgos (¡qué tiempos!). Tuvo un papel esencial en mi introducción al mundo de la música, de los discos. Son incontables las horas que pasamos escuchando música juntos, comentándola, descubriéndola.

Mi torpeza en el manejo de las matemáticas y la proverbial impaciencia de mi padre para las labores docentes le convirtieron también en mi profesor particular, aunque creo que en eso no he sido el único, ¿verdad Pepe? ¡Cuántas horas estudiando con él en la misma mesa, escuchando Radio 2, hoy Radio Clásica! ¡Cuántas horas entregado con inacabable generosidad e infinita paciencia a explicarme aquellas cosas que a mí se me escapaban, con una claridad, humor y capacidad didáctica excepcionales! No puede extrañar que fuera luego brillante profesor en la Escuela de Caminos. Sus maneras en enseñar han sido para mi una inspiración fundamental en el desarrollo de mi propia labor, y nunca podré agradecer bastante no sólo lo que me enseñó, sino, sobre todo, cómo lo hizo.

Paciente escuchador y asesor en los difíciles tiempos de mi adolescencia, tuve en él siempre al cabal consejero y amigo, ese con el que estableces una complicidad que no puede compararse con nada. De él aprendí lo importante que es eso: escuchar, lo trascendente que es la cercanía, lo posible que es liderar sin aspavientos ni maneras autocráticas, pero con sensibilidad y generosidad. Aprendí lo importante que son la paciencia y el rigor en el análisis. Profesional brillante como Ingeniero de Caminos, querido y admirado por todos, Luis ha sido ejemplo de bondad, de prudencia, de equilibrio, de generosa entrega y voluntad. Por eso ha sido también el hermano, esposo, hijo y padre admirable que ha sido. Por eso ejercía un liderazgo natural.

En la música, prefirió no hacer en su momento estudios formales, pero hizo sus pinitos con la flauta de pico, y luego, poseedor de una rotunda y potente voz de barítono, volvió hacia el canto, donde había iniciado su andadura en la música. En ambos trances pasé yo estupendas veladas acompañándole. No podré olvidar el estremecimiento que sentíamos ambos cuando hacíamos la primera de las canciones del Viaje de Invierno de Schubert, o la alegría con el primero de los de La Bella Molinera. Más tarde se metería de lleno en el Coro de la Politécnica, donde llegó a ser jefe de cuerda. Centenares de conciertos (el último al que fuimos juntos no hace mucho, el recital de Jan Lisiecki para la Fundación Scherzo), de discos… y de anécdotas. Seguíamos viviendo ambos la música con la misma emoción e intensidad que siempre.

Ayer, el director del Coro de la Politécnica, Javier Corcuera, en la también cruel imposibilidad de que el coro al que tanto se entregó pudiera reunirse y rendir homenaje a Luis, remitió un emocionante homenaje musical con el Lux aeterna de Elgar por el grupo británico Voces8 (https://www.youtube.com/watch?v=IwdeqVmXlHk). Esta obra es un arreglo vocal de Nimrod, la novena de las Variaciones Enigma de Elgar. Y eso me trajo el recuerdo de otra anécdota más: cuando Luis y yo fuimos a ver la que creo que fue primera aparición en España de Simon Rattle, entonces veinteañero, al frente de la Philharmonia Orchestra de Londres. En los atriles, la Sinfonietta de Janacek y las Enigma de Elgar. Rattle dirigió una de las más escalofriantes lecturas de Nimrod que ambos hayamos escuchado, y muchas veces lo hemos comentado después. Resultó ayer una emotiva coincidencia que el homenaje de Corcuera en nombre del coro fuera, justamente, un arreglo de esa obra de Elgar.

Entre los conciertos revividos, vino también a mi memoria lo que removió Luis para conseguir un pase (no recuerdo, la verdad, ni cómo lo hizo) que nos permitió entrar al Real para ver a Karajan con sus berlineses, con la Cuarta de Beethoven y Vida de héroe de Strauss. A falta de dinero (estábamos los dos sin blanca) ¡Un pase para poder ver el concierto desde las escaleras del anfiteatro! Luego pasaron por mi cabeza las excursiones a Cuenca, a la Semana de Música Religiosa… aquel Israel en Egipto de Handel sobre el que yo escribí en este mismo blog y que, como preveía, despertó en él el inmediato comentario de recuerdo, porque le entusiasmaba como obra coral.

También, ayer mismo, repasaba con mi cuñada la que quizá es anécdota musical más significativa, que tuvo al también llorado maestro López-Cobos como protagonista, y en la que yo también estuve implicado. Curiosamente, nació fuera del ámbito musical, partiendo de uno de sus muchos papeles de relevancia como Ingeniero de Caminos. Porque Luis desempeñó una importante y larga labor en la IASS, una asociación internacional que fundara Eduardo Torroja. Allí conoció a un veterano colega alemán, Hermann Rühle que, como él, era un melómano consumado.

Rühle, residente en Dresde, tenía contactos con figuras señeras de la música en esa ciudad, entre los que se contaban nombres tan conocidos como Peter Schreier o Theo Adam. Adquirieron, en sus encuentros, la costumbre de intercambiar obsequios. En una de aquellas ocasiones, aún en los tiempos del telón de acero, Luis regaló a su amigo alemán un disco con la Sinfonía de Arriaga, que López-Cobos había grabado no hacía mucho para Ensayo al frente de la English Chamber Orchestra. Y en una de las veladas musicales que Rühle celebraba con sus amigos, escucharon el disco en presencia de Schreier y del concertino de la Staatskapelle de Dresde, y quedaron fascinados. Rühle pidió, en lo que parecía una aproximación lógica, ayuda a Luis para localizar la partitura y que la Staatskapelle pudiera interpretarla.

Y Luis acudió a mí, dado que como estudiante de piano y sobre todo como devorador de música, me pasaba la vida buceando partituras en tiendas y bibliotecas. Ante nuestra sorpresa, no hubo manera de localizar la partitura, ni siquiera en la Unión Musical, que era quien parecía haberla editado en su momento. Sugerí entonces a Luis acudir a la fuente, a López-Cobos. Lo hicimos ambos, tras un concierto que dirigió a la ONE, todavía en el Real. Quedamos perplejos cuando nos dijo que la editorial española había “destruido las planchas” y que la partitura estaba editada… en Alemania. El maestro de Toro, abierto y servicial, le dijo a Luis que su amigo Rühle se dirigiera a él (por entonces en la Deutsche Oper berlinesa) por carta a Berlín.

Así lo hizo, y tiempo después, la Staatskapelle interpretó la Sinfonía de Arriaga en Dresde, dirigida por Schreier. Creo que estará entre los recuerdos de Luis el programa de dicho concierto firmado por Schreier. Y a Luis le cabe el orgullo de, entre sus muchos logros y buenas acciones, haber contribuido a difundir, en aquellos años no fáciles, una obra importante del patrimonio musical español.

Imposible, en fin, describir el vacío que ahora mismo siento, que como puedo intento llenar con estos y otros miles de recuerdos que me vienen de toda una vida compartida con él en tantos aspectos, y también en la música. Su alma buena estará junto a nuestro padre, y también se habrá reencontrado con mi colega, también compañero suyo de promoción en el colegio, José Luis Pérez de Arteaga.

Espero que todo el tropel de experiencias vividas nos ayude a quienes le quisimos para que su recuerdo esté, cada día más, presidido por la ternura del inmenso cariño que le teníamos, y que ello ayude a mitigar el desgarrador vacío de su ausencia que ahora nos asfixia. Es este el momento de dejar salir el dolor, pero llegará, ojalá que pronto, la hora de recordarle con una sonrisa. Por lo bueno de todos esos recuerdos y enseñanzas, y porque a buen seguro él, que siempre fue sabio, positivo, generoso y sonriente, así lo hubiera querido.

Sirva ese comienzo del Viaje de Invierno, este tremendo y crepuscular Gute nacht, por su querido Schreier en la grabación espeluznante que hizo con Sviatoslav Richter, como recuerdo muy personal de algo que permanecerá siempre en un lugar muy especial de mi memoria: https://www.youtube.com/watch?v=O_eIFevlMaY

Descansa en paz, queridísimo hermano, tu físico era grande pero más lo eran tu corazón y bondad.

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29 thoughts on “Grande en el corazón y la bondad

  1. Precioso artículo, Rafael, en recuerdo de tu hermano Luis, querido compañero del colegio del Recuerdo de la promoción 1967 (nos denominamos Chamartín´67) y entusiasta asistente a nuestras convocatorias de actos de promoción y promotor de torneos de golf.
    Soy Paco Norte. Mi hermana Mª Jesús coincidió contigo en Cou en el colegio.
    Un gran abrazo,

    1. Muchas gracias Paco, te tengo perfectamente localizado porque muchas veces comenté con Luis la coincidencia de que, años después, María Jesús y yo fuéramos compañeros de clase en el colegio. Tengo un gran cariño por ella y recuerdo nuestro último encuentro de promoción, hace apenas tres años ahora. Un gran abrazo

  2. Rafa, mi más sentido pésame. Es emocionante leerte siempre y hoy que hay tanto dolor y recuerdos en tus palabras quiero enviarte un abrazo muy fuerte. El tiempo como bien dices hará que esos recuerdos vengan a ti y puedas sonreír. Que crueldad la de este virus…. Un achuchón. Bego

  3. Cantaba junto a Luis, cada domingo, en el colegio mayor Chaminade. Teníamos una sólida amistad. Él me ayudó a entrar en el primer coro, hace muchos años, y hemos compartido mucha música, mesa y mantel, celebraciones. Luis siempre me daba “el tono” y yo le seguía abrazada a su preciosa voz. Le llevo en el corazón. Un abrazo grande y lleno de dolor, Rafael.

  4. Muy entrañable querido Rafa. Orgullosa de su trayectoria que, por ti acabo de conocer. Orgullosa también de haberos conocido y tratado a toda la familia. Y dolida, mucho, de este tan injusto final que os toca sufrir. No dejaré de llevaros en mi corazón. Gracias

  5. Los que hemos tenido la inmensa suerte de disfrutar de la amistad de Luis sabemos que hemos perdido a alguien insustituible. Luis tenía muchas virtudes, era inteligente, mesurado, con sentido del humor, exquisito en el trato, pero sobre todo era bondadoso, de Luis podías fiarte sin un ápice de duda. Me va a costar hacerme a la idea de que ya no está, que ya no compartiremos tantas y tantas cosas.
    Familia y amigos sabemos que Luis ha pasado por la vida haciendo el bien y eso nos llena de orgullo. Rafa,
    un abrazo enorme. Os quiero a toda la familia.

    1. Gracias Begoña, a todos nos va a costar un montón hacernos a la idea de que ya no está, en efecto. Y cuando la normalidad tras esta pesadilla pase, hay algunas cosas que nos van a costar especialmente. Efectivamente, todos nos sentimos orgullosos de haber estado cerca de un ser humano tan excepcional. Un abrazo enorme

  6. Precioso Rafa! en estos momentos de inmenso dolor que ni siquiera puede ser mitigado con un simple y reconfortante abrazo, este homenaje sirva para estar un poquito más cerca de él y te ayude a sanar al menos en parte esa gran herida abierta en tu corazón.
    Muchos bss y abrazos.

  7. Rafa, no puedo ni imaginar las lágrimas que han debido salir al recordar tantos momentos con tu hermano. Desde donde esté seguro le habrá encantado.

    1. Imaginas bien, Paqui. El contenido estaba en mi mente desde antes, y sabes que yo escribo rápido… pero ayer, ayer tuve que parar a cada rato porque simplemente no podía. Pero este es solo un pequeño homenaje desde el corazón a un ser humano de una dimensión excepcional.

  8. Querido Rafael, me he quedado mudo al leer ahora mismo tu FB…
    No doy crédito. Me ha emocionado profundamente tu artículo.
    No te conozco personalmente, pero ojalá puedas recibir el calor de este abrazo que te envío. Mucha fuerza, querido amigo. En honor a tu hermano, tenemos que seguir adelante.
    Que la música apacigüe, en parte, tu dolor.
    Josetxo

    1. Querido Josetxo, muchísimas gracias por tus palabras. La pandemia impidió la presentación de vuestro disco y nuestro proyectado encuentro, que ojalá tenga lugar algún día. Como dices, en honor a Luis hemos de levantarnos y seguir. Es lo que él hubiera querido. Un gran abrazo

  9. Hola, no nos conocemos personalmente, pero soy lector de la revista Scherzo desde 1988 así que (utilizando una expresión de Ángel-Fernando Mayo referida a Hans Knappertsbusch) usted y yo somos «amigos espirituales» desde hace muchos años. Todo mi afecto en este momento tan difícil, y mucho ánimo para intentar llenar ese hueco tan grande, esa ausencia tan terrible, que la pérdida de su hermano les va a dejar a usted y a toda su familia. Y el deseo de que esta pesadilla se acabe cuanto antes mejor

    1. Muchísimas gracias Manuel por sus afectuosas palabras, y por estar ahí, siguiéndonos en Scherzo, desde hace tantos años.Ojalá, como dice usted, esta locura acabe cuanto antes, aunque me temo, por desgracia, que tenemos aún unos cuantos meses duros por delante. No nos engañemos: esto es una guerra, y como todas las guerras, es terriblemente cruel. La única diferencia con una guerra convencional es que el enemigo no lleva fusiles ni tira bombas. Es más insidioso, imprevisible e invisible. Pero igualmente letal. Ojalá ganemos pronto.

  10. Hola, sus palabras transmiten tanto cariño, tanto sentimiento y tanto dolor que me han emocionado. Me hago eco de su pena pero también de su esperanza en el deseo de que llegará un momento que su recuerdo lo pueda acompañar de una sonrisa. Estoy segura.
    Muchas gracias por estas hermosas palabras y reciba un afectuoso saludo.

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