Rafael Ortega Basagoiti

¿Sin ánimo o sinónimo?

¿Sin ánimo o sinónimo?

Hubo en tiempos cierta guasa cuando al bueno (es un decir) de Mario Conde, en el apogeo de su fama bancaria, le hicieron Doctor Honoris Causa por la Complutense. La rechifla rebautizó con tanto ingenio como razón la honorífica distinción al banquero como Doctorado Dineris Causa. La metedura de remo fue años más tarde rectificada por la Universidad, sin que ello, por supuesto, haya evitado el ridículo, ya inevitable. Un juego de palabras emparentado en la chufla con esta anécdota sirve para titular este artículo del blog, referido a una epidemia contemporánea que padecemos en esta nuestra sociedad moderna de fachadas y apariencias, donde se saca brillo al cartón piedra en la esperanza de que nadie traspase el umbral de la falsa puerta para encontrar, en el mejor de los casos, telarañas, y en el peor, vaya usted a saber qué otro tipo de cosas o bichos de peor calaña y veneno. La epidemia en cuestión es la de las fundaciones. Las fundaciones son como las comisiones, organizaciones que, como muchas bacterias, resultan en extremo ubicuas, al punto de suponer un riesgo de infección diseminada. Uno ya ve una fundación y, qué quieren que les diga, tiene cierta sensación de “a ver qué hay detrás”, porque aunque muchas son, faltaría más, dignísimas, estupendas y de loables propósitos, otras tienen cierto tufo a alguna otra cosa de difícil calificación o encuadre. Inevitablemente, una de las cosas que dan cierto repelús es cuando nos topamos con el apellido de “sin ánimo de lucro”. Y viene esto a colación de cierta Fundación Excelentia, creada en el año 2009 y dedicada a la “música de calidad” según reza su eslogan publicitario. Lo primero que encontramos en su declaración de intenciones es que es una fundación privada sin ánimo de lucro que desarrolla sus actividades en el campo de la cultura. Cómo mola, oye. Sin embargo, uno empieza a sospechar cuando entra en su página web y no encuentra detalle alguno de su organización. Ni uno. Cuando uno penetra un poco más y empieza a hablar con unos y con otros, descubre que el grueso de su actividad la desarrolla a través de una Orquesta de lance. No otra cosa es la Orquesta Clásica Santa Cecilia, una orquesta dedicada a los “bolos”, sin una organización ni plantilla estable, que ensaya de aquella manera y a cuyos músicos se les paga también de aquella manera (o sea, poco y habitualmente tarde). Hombre, esto de “la Fundación pretende acercar la música de calidad a todos los públicos con un amplio repertorio” queda que te mueres, pero vamos, si a los encargados de hacer esa música de calidad se les contrata y paga como lo que son (profesionales) y se les organiza como es debido, y no a salto de mata, pues mejor, porque luego las entradas se venden a precios no despreciables: entre 28 y 58 euros (algo más en algún concierto como el programado de La Pasión según San Mateo, que llega hasta los 65). No está mal para ser conciertos de una entidad “sin ánimo de lucro”. Si uno bucea un poco más se encuentra con que, tras la orquesta, vino el coro, un coro aficionado (hay muchos y muy buenos en España, empezando por el formidable Orfeón Donostiarra) llamado Sociedad Coral Excelentia. En la Sociedad Coral Excelentia se da un paso más. Como son aficionados, no cobran. Normal. Pero es que no sólo no cobran, es que, amigos míos, ¡pagan! Pagan por cantar en este coro, pero la Fundación cobra, y no poco, el precio de las localidades. Me dirán ustedes: es que no tiene subvención del estado. Cierto, pero también lo es que desde su creación, la actividad de esta fundación, cuya cabeza visible (no mucho, pero al menos algo) es Javier Martí, ha ido creciendo sin que se sepa muy bien de dónde vienen sus fondos (los del coro si están claros… al menos una parte no despreciable viene de los cantores), porque pese a los no despreciables precios de las localidades, se antojan insuficientes para cubrir no los honorarios cutres de los músicos, sino los costes de salas de ensayo (bien es cierto que ensayan poco), material (partituras), alquiler del Auditorio Nacional, etc. Y publicidad. Porque el despliegue publicitario es importante: no hay evento musical en el que no haya gente repartiendo propaganda de los ciclos de la Fundación, y hay repetidas cuñas en emisoras radiofónicas, en alguna de las cuales se han llegado a anunciar conciertos que ya se habían celebrado (el colmo de la publicidad). La fundación hace gala también de organizar conciertos para empresas. “Tanto si lo que busca es impresionar a sus clientes como recompensar a sus trabajadores, la respuesta la tenemos nosotros”, dicen. ¿“sin ánimo” de lucro o “sinónimo” de lucro?. No importaría demasiado si lo que se está ofreciendo fuera, efectivamente, de calidad. Hay entidades privadas respetabilísimas (Ibermúsica, La Filarmónica…) que hacen su actividad de gestionar conciertos y la hacen, ellos sí, con alto nivel de excelencia. Por desgracia, y pese a alguna presencia sorprendente de relumbrón (Krystian Zimerman), la mayor parte de lo visto en esta Fundación Excelentia es bastante mediocre, algo muy compatible con el carácter de bolo que se esconde tras una bien aparente fachada adecuadamente publicitada y que ahora, además, va a contar con el soporte de una revista propia (lo que faltaba). Traspasar la puerta de la fachada de este tinglado no produce buenas sensaciones. Y parece que el año que viene “amenaza” con óperas en versión de concierto “semiescenificado”… Que Dios nos coja confesados.

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2 thoughts on “¿Sin ánimo o sinónimo?

  1. Como ex integrante fijo de la Orquesta Clásica Santa Cecilia, te tengo que dar las gracias por ser la única persona que ha hablado en público de esta Fundación que parece tocada por los dioses.

    Después de pasar dos años horribles trabajando para el señor Martí, todo lo que relatas se queda muy muy corto en comparación con la realidad que vive la orquesta. Pero es un buen resumen para tener un punto de partida.

    Llevo mucho tiempo intentando denunciar las vejaciones de la Fundación pero parece que no interesa mucho el tema, somos demasiados músicos en paro, mientras las entradas se sigan vendiendo, conciertos habrá (independientemente de la calidad de los mismos).

    Te puedo comentar que la orquesta Délica Chamber está montada sólo para que toquen las más atractivas de la Fundación. Sin importar su talento musical. Además están obligadas a maquillarse y a llevar vestidos a medida, sesiones con el sastre que son documentadas por un fotógrafo (director de la revista Excelentia). También están obligadas en eventos privados a «interactuar con el público» una vez terminan el concierto.

    Te podría hablar de la sala de ensayos, nunca con sillas adecuadas (pese a las insistentes quejas), sin las medidas de seguridad acústicas que se deben tomar, sin regulación de la temperatura estable (con todo lo malo que es eso para instrumentos de cuerda).

    Te podría hablar de los viajes por toda España en autobuses, a veces escolares. En como en dos situaciones tuvimos dos accidentes de tráfico menores y bromeábamos porque como ese día era el mismo que el concierto, estábamos dados de alta y sólo por ese día podíamos tener un accidente sin preocupaciones.

    Te puedo contar como los músicos que dependen de la Fundación, se arrastran para conseguir su dinero, meses después de haber trabajado. Tengo compañeros que tenían que ir a llorar a Javier por algo de suelto porque no podían pagar el alquiler. Indignante pensarlo cuando luego soy yo el que toca el solo en no sé qué sinfonía.

    Me he liado, sólo quería agradecerte esta entrada.-

    Un saludo.

    1. Muchas gracias por tu comentario. Soy consciente de que lo que he comentado sobre el señor sinónimo se queda pálido al lado de la realidad, y me imagino bien lo que cuentas porque tengo información muy directa sobre la materia, aunque hay ciertas cosas que no puedo desvelar sin señalar a quien me ha proporcionado la información, algo que como puedes imaginar es lo último que deseo. Todo lo que puedo hacer es prometer que seguiré denunciando la caradura de quienes dirigen ese cotarro, porque me parece una vergüenza. Pero, como bien dices, mientras los músicos sigan plegándose a esa explotación porque no hay empleo mejor… hay poco que hacer. Porque no nos engañemos, los medios de comunicación, tanto los generalistas como los especialistas, «pasan» de denunciar estos temas, vete a saber por qué extraña conjunción de intereses. Este hombre (como en otra dimensión, ocurre con el Marqués de Marañón y su cortijo del Teatro Real) debe tener muy buenas e influyentes conexiones, y nadie se atreve con él. Yo sí, por una razón: mis garbanzos no dependen de este blog ni de mi actividad como crítico musical. Lamentablemente, yo solo no hago «pupa» a un conglomerado de intereses como el que ha montado este hombre. La ecuación es mala: producto de escasa calidad basado en la explotación de los músicos + ignorancia supina de un público que en su mayoría no discrimina y solo responde a intereses publicitarios = lamentable éxito de la propuesta, por mala y cara que sea (que lo es, dicho sea de paso). Por eso existe este blog, entre otras cosas para ayudar en lo posible a que la gente a que empiece a discriminar y a dejar de lado sucios negocios como el de este señor. Un saludo.

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