Rafael Ortega Basagoiti

No huele bien, no… menos mal que vienen los pianistas

Tras el hierático y bastante absurdo Turandot en la visión de Robert Wilson, se nos viene otro Robert encima, en este caso de apellido Carsen, para presentar la primera jornada de la Tetralogía wagneriana, El Oro del Rin, que el Real estrenará el próximo 17 de enero. No sé si lo de tener por nombre Robert condiciona, pero me temo que al pobre Richard (Wagner) le van a hacer la pirula.

Como decía aquel argentino en cierta obra de teatro, creo que era de Jardiel, ¡el vello se me pone de punta, ché! Y se me eriza porque la introducción que se hace desde el Real, recogida con la proverbial, puntual y tan mansa como cómoda obediencia por parte de los medios, incluido alguno especializado que no cambia ni una coma, tiene un comienzo inquietante: “… Das Rheingold se antoja mucho más un drama actual que una fábula remota”. Empezamos bien. Pero por si consideramos intrascendente el preludio, porfía el comunicador en el aviso: “El compositor ya supo intuir la incompatibilidad entre las leyes de la naturaleza y las de los seres humanos, y anticipó las consecuencias que ello acarrearía”. O sea, Wagner el visionario, Wagner el verde (no el viejo verde, que en cierto modo también, sino el verde a secas, sin vejez ni nada). Mientras quien lo lee empieza a pensar, con razón, aquello de “ay madre, la que nos espera”, se expande el introductor: “La producción que ahora presenta el Teatro Real nos sitúa ante un mundo en estado de sitio, irreversiblemente contaminado, devastado por la avaricia de poder del hombre que, tratando de controlar su entorno, ha acabado abocado a su propia destrucción. Es un mundo de gentes cegadas y grises cuya existencia parece carecer de dirección o significado alguno. El Rin, además de albergar el oro que se robará para fabricar el anillo mágico (y maldito), pasa a ser una cloaca donde acaban los desechos de una civilización fallida”. Y en efecto, aquí tenemos al Wagner que hubiera fundado Greenpeace, encabezado en Alemania una candidatura por los Verdes y batallado en contra del cambio climático, que, al fin y al cabo, ya presagiaba con su proverbial clarividencia de visionario de pro. Recordé inmediatamente el último Wagner del Real, aquel Holandés ambientado en ese desguace-basurero en Bangla Desh. Ese no lo dirigía Carsen, pero qué más da. Tuve un negro presentimiento, y me puse a investigar si la producción de Carsen ya había pasado por algún escenario español. Lo había hecho, sí, en 2013 (Liceo de Barcelona) de la mano del mismo Matabosch que lo trae aquí ahora, y naturalmente existen reseñas del acontecimiento. En la que publicó El País https://elpais.com/ccaa/2013/04/21/catalunya/1366568814_194676.html, se confirman los peores presagios: “El Rin se ha convertido en un vertedero, las hijas del Rin son unas pordioseras andrajosas cubiertas de mugre que hurgan entre la basura buscando su sustento, la naturaleza ha sido violentada y eso nos llevará a la catástrofe. Parece que el director de escena va a centrarse en la lectura ecologista de la obra, una de las posibles y más pertinentes y actuales. Sin embargo, en las escenas siguientes la versión deriva hacia la lectura política, que es la otra interpretación válida de la obra, Wotan es presentado como un militar de alta graduación, los dioses como una clase decadente —el martillo Donner ahora es un palo de golf—, los gigantes como unos obreros estafados por una patronal cínica y los nibelungos como un lumpen proletariado alienado. El ansia de poder es destructiva”. Y, en efecto, en las ilustraciones vemos un individuo, presumiblemente Wotan, con uniforme protonazi (ya estaba yo echando a faltar lo de sacar partido a estos uniformes que tanto juego han dado), en un decorado que parece mitad vertedero, mitad algo en obras, con unos individuos (¿nibelungos?) con uniforme naranja sucio como si estuvieran en prisión. En fin, todo muy acorde con lo que prescribió el compositor, que, por cierto, también era el libretista, vaya por Dios, en esta apuesta del tándem Carsen-Matabosch con la que el Real inaugura el 2019. Para curiosidad de los lectores, transcribo aquí, en la sabia traducción del maestro Angel Mayo, solo parte de la indicación que Wagner escribió al principio de la partitura. Dice así: “Preludio y Primera Escena. En el fondo del Rin. Verdeante amanecer, más claro hacia arriba, más oscuro hacia abajo. La altura está cubierta de ondas que fluyen constantemente de derecha a izquierda. Hacia el fondo la corriente se diluye en una húmeda niebla cada vez más tenue, que se extiende sobre el piso en penumbra, de manera que el espacio parece estar, desde el suelo hasta la altura de un hombre, totalmente libre de agua, la cual se desliza sobre el fondo nocturno como masas de nubes. Por todas partes se elevan agudos peñascos que limitan el escenario; el piso forma un tortuoso y agrietado laberinto… describiendo círculos alrededor de un peñasco que, en el centro del escenario, se eleva con su fino pico hasta la región por donde fluye la más densa y crepuscular corriente de agua, nada con graciosos movimientos una de las hijas del Rin….”. Yo diría que son indicaciones de cierta precisión ¿no? Puestos a ignorarlas, ¿por qué no cambiamos también la música que le sigue? Así que lo dicho: un vertedero, un protonazi, unos alienados y un palo de golf. La cosa… no huele bien, qué quieren que les diga.

Y mientas reinventamos a Wagner sin su permiso, también parece que reinventamos las cuentas. Les conté que desde el Real habían proclamado a bombo y platillo lo saneadas que estaban, pero… no todo el mundo opina que están tan saneadas…, y si no lean esto: https://www.economiadigital.es/directivos-y-empresas/el-teatro-real-se-come-las-reservas-y-se-pone-al-borde-del-rescate_595145_102.html?fbclid=IwAR3T6DyJ-nc9J-oL_FyfMK9FiWCiWjTNulLwUBEjwKvhWY3rh8PDCZQDMhE

Además, como en todas partes cuecen habas, ya les conté que las cosas no rodaban bien tampoco en el Palau de les Arts valenciano. No me equivocaba. El 10 de diciembre les informaba de la dimisión del Director General, Francisco Potenciano, la última de una cadena en la que estaban antes las de Livermore y Biondi. La sustituta de Potenciano, María Inmaculada Pla, ya ha abandonado el barco también… y parece, según comenta la noticia siguiente https://www.beckmesser.com/abocado-al-naufragio-el-palau-de-les-arts/?fbclid=IwAR0WIn90QAwpiSLAQ__MShR41bpm8fCVrNhJ8THARB1BZpbjNF3AXqnCn2 que el cese de Roberto Abbado es algo más que próximo; según parece también es incierto el futuro de Ramón Tebar como principal director invitado… lo que se dice un barco sin timón. Esperemos que el próximo director artístico, Jesús Iglesias, reconduzca el asunto antes de que el Palau acabe como el Titanic, o peor aún, en alguna suerte de neo vertedero wagneriano.

En línea más positiva, mañana se abre el Ciclo de Grandes Intérpretes de Scherzo. Y lo hace con un gran pianista ruso bastante ligado a España, Arkadi Volodos, que ofrecerá un atractivo programa con obras de Schubert (Sonata D. 157 y Momentos Musicales), Rachmaninov (el famoso Preludio op.3 nº 2, más los op.23, nº10 y op.32, nº10; «Zdes’ khorosho» Romanza op.21, nº7 en arreglo pianístico del propio Volodos, la Serenata op.3, nº5 y el Etude-tableaux op.33, nº3) y Scriabin (Mazurka op.25, nº3, Caresse dansée op.57, nº2, Enigma op.52, nº2, Dos danzas y la conocida Vers la flamme op.72 de la que tanto Sofronitsky como Richter hacían una recreación increíble). Si pueden, no se lo pierdan.

 

 

 

 

 

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