Rafael Ortega Basagoiti

No puedo, no puedo…

Debo confesar que el extremismo de mojigatería y estupidez al que nos está llevando la dictadura de la corrección política es algo que ya literalmente no solo me supera, sino que directamente me provoca irrefrenables ataques de emesis. Vamos, que vomito. Y eso que a mí me cuesta un montón vomitar. Me pongo malísimo y no encuentro deleite alguno en eso de arrojar. Me parece algo de muy mal gusto.

He evitado entrar en discusiones sobre cuotas e igualdades porque, francamente, me da pedazo de pereza insistir de nuevo en que hay que contratar y programar a los mejores, no a estar todo el día mirando si hay más mujeres, o chinos, o afroamericanos o de Valladolid. La igualdad de oportunidades es algo elemental que hay que defender con rotundidad. Y el valor de los méritos y la calidad, al menos con la misma contundencia. Pero mientras no sean los méritos y la calidad lo que prime, sino, otra vez, la dictadura de la corrección política, creo que no nos va a ir bien.

Pero no va de eso este texto. Este artículo viene al caso porque me acabo de topar con una noticia del blog de Norman Lebrecht  (https://slippedisc.com/2021/03/exclusive-new-york-college-bans-debussy-works/) que me ha despertado el siguiente ataque emético, porque, literalmente, abre el camino para la autopista que no solo conduce a toda velocidad a la estupidez, sino que la agrava con una censura que hará que las generaciones futuras sean unas campeonas de la ignorancia, como si no tuviéramos bastante con lo que a dicho campeonato ha contribuido el catastrófico sistema educativo que asola conocimientos, ignora el valor del esfuerzo, premia la desidia y, con un poco de (mala) suerte, adereza todo ello con unas gotas (o litros) de cateto nacionalismo provinciano. Un coctel perfecto para la generación del ignorante aspirante a cretino consumado. Y un peligroso germen de fanatismo. Porque como dijo un catedrático hace no mucho, el fanático es alguien con un montón de espíritu crítico gestado sin fundamento ni formación.

La noticia de Lebrecht se refiere a un twit publicado por algún gerifalte de la Special Music School (que en el twit aparece como “SMS”) del Kaufman Music Center en Nueva York, según la cual dos obras de Debussy, Golliwogg’s Cakewalk y Le petit nègre, serán eliminadas del repertorio de la escuela. Dice el autor no identificado del twit, que, tras hablar del asunto con Igal Kesselman y Kate Sheeran, directores musical y ejecutiva de la escuela en cuestión, ha llegado a la conclusión de que estas obras “no son aceptables en el actual panorama cultural y artístico”. Hala, ahora vas y lo cascas.

El argumento para la defensa de la demencial conclusión y de la gravísima censura que se deriva de la misma es que quieren que la SMS sea un lugar donde todos los alumnos se sientan apoyados, y estas obras “tienen connotaciones obsoletas y racistas”. La primera es la última de las piezas del Children’s corner, que Debussy, ansioso sin duda por educar a su pequeña hija de tres años, dedicataria de la colección, en el más furibundo racismo, dibujó como un homenaje a una danza afroamericana del siglo XIX, el Cakewalk, con el Golliwogg (con dos “g”, no como lo escribe el autor del twit), un muñeco de trapo que representaba a un personaje de color negro de los libros anglosajones del siglo XIX. La segunda, titulada originalmente The Little nigar, es una reminiscencia de la anterior, escrita en 1909 para el método de piano de Théodore Lack, por encargo de este. A buen seguro, los alumnos de color de la SMS van a dormir mucho mejor a partir de ahora.  

Prosigue el autor del twit, que al parecer es trombonista, diciendo que por fortuna, el repertorio pianístico es extenso y la falta de estas dos obras no causará a los estudiantes grandes problemas (y si quitamos el no despreciable de la ignorancia, tiene razón). Pero en fín, este personaje, que como aparece de manera anónima no sé si es él, ella o «elle», en lugar del trombón, parece haber tocado más bien el violón. Vaya tela.

Como hubiera dicho el argentino Indalecio en la memorable obra de Jardiel Usted tiene ojos de mujer fatal, el vello se me pone de punta pensando en el alcance de esta colosal gilipollez, que además de serlo, constituye un atentado de dimensiones catedralicias a lo más elemental de la cultura. Me veo a la OCNE cancelando las Cinco canciones negras del gran Montsalvatge, que era un tipo encantador además de gran compositor, y que creo que están programadas para ya mismo. Y de paso habría que revisar El paño moruno de Falla no se nos vayan a ofender quienes ustedes y yo sabemos y vayamos a tener, valga la redundancia, moros en la costa con propósitos poco amistosos. Total, después de que una traductora holandesa (blanca, qué le vamos a hacer) haya tenido que renunciar a traducir los poemas de una autora de color… solo porque ella no lo es y le ha caído por ello la del pulpo, ya nos queda poco camino por recorrer hasta conseguir el campeonato universal de la idiocia. Y tan contentos, oiga. Cada día un paso más para la sublimación del gilipollas. Y algunos de nosotros, con estos pelos. Otros, qué le vamos a hacer, calvos, como el autor del twit, que ha debido perder toda la cabellera tras sus sesudas reflexiones.

Mientras tanto, el personal (si es que a esos se les puede llamar personal) anda arrasando ciudades y comercios, e intentando con denuedo quemar policías dentro de furgonetas, por defender lo que ellos llaman “libertad de expresión”, que no son sino los insultos y amenazas de un impresentable que se ha ganado a pulso su estancia en la trena. A este dicen que hay que soltarle. Y a Debussy, censurarle por racismo contumaz y, me permito anticipar, tal vez por presunto tufillo pronazi. Lo que se dice un facha de toda la vida.

Que pase Ozores, por favor. A ver si con el fluido verbo y elocuente discurso que le caracterizaba, nos aclara este sindiós. Claro que igual se descuelga con lo de «No hija, no» o con su famoso discurso de candidato a alcalde (https://youtu.be/H1a8Bxdv8xU). Lo que es yo, ya estoy como el inolvidable Chiquito en su faceta más Condemor de la pradera: no puedo, no puedo…

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, les dejo enlaces a mis últimos artículos y críticas en Scherzo, y también algún que otro programa de mano:

https://scherzo.es/hemeroteca/programa-general-cgi-2021/

http://www.fundacionscherzo.es/pdf/Programa-Sokolov-2021.pdf

https://scherzo.es/sokolov-25-anos-de-magia-en-el-ciclo-de-grandes-interpretes/?fbclid=IwAR3DrslyV3PtdvfSCIdDyW5Nlve7eQBybZZctpCnozCni6-iWw4eObTg5q8

https://scherzo.es/madrid-en-el-particular-y-magico-huerto-de-sokolov/

https://scherzo.es/madrid-la-emocionante-e-intemporal-belleza-bachiana/

https://plaam.s3.eu-central-1.amazonaws.com/modulos/merchant/91/components/items/363/files/249_20210219153624_OSG202114.pdf (Notas al programa 14 de la Orquesta Sinfónica de Galicia)

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3 thoughts on “No puedo, no puedo…

  1. Rafael, he tenido que leerme tres veces lo que viene en la imagen que compartes y eso que ya debería de estar vacunada contra esto mismo que tú comentas. Comento que, yo descubrí lo que era el racismo a través de «La Cabaña del Tío Tom».. ahí vi lo que pasaba en países donde había negros, que no era el nuestro entonces y fui tomando la postura que tengo hoy en día, o sea, anti racismo absolutamente e incluso de manera militante. Pues hace como un año me vengo enterando de que en «algunos colegios» de EEUU ya se prohíbe, tanto ésta como «Matar a un Ruiseñor» por racismo. ??????????????? Tengo que insistir en que ya no soy de este mundo.

    1. Ana, yo soy antiracista rotundo. Pero como dice el clásico, el culo no tiene nada que ver con las témporas. Y ese es el problema. Que en algunos lugares, algunas personas (cámbiese por “muchos”lugares y “muchas” personas, dado el cariz que van tomando los acontecimientos), se confunden ambos y acaban tomándose decisiones de una estupidez y gravedad alarmantes. Por este camino terminamos con la historia y la cultura occidental así, de un plumazo.

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