Rafael Ortega Basagoiti

Jaroussky y Baráth brillan en un magnífico “Radamisto”

Madrid. Auditorio Nacional. Sala Sinfónica. Ciclo Universo Barroco del CNDM. 12-X-2021. Handel: Radamisto HWV 12a. Philippe Jaroussky, contratenor (Radamisto). Marie-Nicole Lemieux, contralto (Zenobia). Zachary Wilder, tenor (Tiridate). Emöke Baráth, soprano (Polissena). Renato Dolcini, barítono-bajo (Farasmane). Anna Bonitatibus, mezzo (Tigrane). Alicia Amo, soprano (Fraarte). Il Pomo d’Oro. Clave y dirección: Francesco Corti. 

Estrenada el 27 de abril de 1720 en Londres, en el King’s Theatre de Haymarket, Radamisto fue la primera ópera que Handel escribió para la Royal Academy of Music, fundada el año anterior. Eduardo Torrico cuenta muy bien la historia en sus excelentes notas al programa. Handel, lo he dicho muchas veces, es un compositor tan hábil como genial, y su instinto dramático es sencillamente brutal. En muchas ocasiones le basta un unísono en la voz instrumental aguda (violines, con oboes o sin ellos) y un bajo para crear, con ese talento excepcional para los temas y para crear con ellos una inimaginable variedad de atmósferas y climas, un entorno genuinamente teatral. El genio del músico de Halle se vuelve más admirable aún si tenemos en cuenta que se eleva con músicas excepcionales por libretos que con mucha frecuencia son infumables. Aunque no es el peor, el de Nicola Francesco Haym para la ocasión no deja de tener muchos momentos que resultan casi risibles (sin pretenderlo). Da igual, la música de Handel engancha desde la solemnidad de la obertura francesa inicial hasta las arias más virtuosas (así la del protagonista, Ferite, Uccidete) con ocurrencias maravillosas como el hermosísimo (y nada sencillo) solo de violín en el aria de Polissena Sposo ingrato. Cierto, con frecuencia, somete a sus cantantes a una demostración de agilidad en la coloratura que no todos superan con facilidad, pero es el precio a pagar por conseguir ese excepcional clima dramático antes mencionado. 

El reparto que nos ofreció ayer la hermosa partitura handeliana evidenció un alto nivel general, con un par de casos realmente excepcionales. Para el que firma, la primera matrícula de honor debe ir para el protagonista. Philippe Jaroussky nos ofreció su extraordinario arte en dosis bien generosas. La voz, cálida, ágil, poderosa, tal vez con un punto menos de presencia en el registro grave, siempre manejada con una elegancia, refinada expresión y gusto exquisitos, sirvió para una recreación del protagonista realmente sensacional. Si ya la delicadeza hizo su aparición desde su presentación en Cara Sposa, amato bene, lució su precisa articulación en la más que exigente y antes mencionada Ferite, uccidete, para emocionar en el Ombra cara di mia sposa y en el estremecedor aria final qual nave smarrita. Una maravilla.

Lo fue también, de principio a fin, la prestación de la soprano húngara Emöke Baráth. Es la suya una voz preciosa, con cuerpo, de magnífica agilidad y envidiable línea de expresión. Hemos disfrutado de ella en algunas otras ocasiones y ayer no fue la excepción. Deslumbró ya desde su aparición (Tu vuoi ch’io parta?) y quizá uno de los mejores momentos de la noche vino en esa maravilla que es su aria sposo ingrato antes mencionada, donde a su preciosa interpretación se unió la estupenda de la concertino, Zefira Valova, en su complicado solo.

Marie-Nicole Lemieux se ha labrado un bien ganado prestigio. La voz es poderosa, la entrega y vis dramática indudables, y su manejo de agilidades es suficientemente flexible. En ocasiones es justamente la citada entrega la que no siempre redunda en beneficio de una entonación precisa, y el paso desde el grave se acompaña de un cambio de color quizá demasiado evidente. En todo caso, su Zenobia fue más que notable y brilló en su contrapunto con Jaroussky.  

Excelente también las prestaciones de Bonitatibus, una mezzo más que notable, y de nuestra compatriota Alicia Amo, ambas poseedoras de instrumentos hermosos y, según quedó bien patente ayer, admirablemente manejados.

Correcto sin más Renato Dolcini, voz no grande pero bien timbrada y manejada. El Tiridate de Zachary Wilder tuvo entrega, presencia y convicción dramática. La voz tiene cuerpo y potencia, aunque el timbre es un punto estridente y se muestra evidentemente apurado en el agudo, algo que resultó bastante audible en los La agudos que aparecen repetidamente en el aria mencionada Alzo al volo di mia fama. 

Il Pomo d’Oro es una de las formaciones historicistas italianas de más prestigio. La hemos disfrutado mucho en ocasiones anteriores, con Minasi y Emelyanychev, y esta vez no fue la excepción. Cuerda ágil, estupendamente empastada y de bella sonoridad, excelente pareja de oboes y sobresaliente continuo. La mencionada concertino evidenció su virtuosismo de primera fila en el antes mencionado aria de Polissena. Quienes ya tenemos unos años y conocimos los albores de los conjuntos historicistas recordamos las penalidades que todos pasaban (incluido en su momento el pionero Concentus Musicus de Harnoncourt) con los instrumentos de viento metal. Trompas y trompetas se movían en niveles de ejecución muy mediocres y los enemigos del historicismo encontraban en ello terreno abonado para insistir en que aquello era un sindios y que había que insistir en el barroco con instrumentos modernos. Los tiempos han cambiado, no obstante, y hoy día hay un buen grupo de instrumentistas capaces de auténticas e inverosímiles virguerías. Aún así, es esta familia de instrumentos la que con más frecuencia flaquea aún en estos conjuntos. No es Il Pomo d’Oro la excepcíón. Los trompetas salvaron la coyuntura con una alta nota general, pero no pudieron evitar la falta de limpieza en la ejecución de la inclemente escritura handeliana en los primeros compases (concretamente los tres comprendidos entre el 5 y el 7) del aria de Tiridate la stragi, morti, sangue ed armi. Los mismos ejecutantes salvaron suficientemente bien el compromiso que, esta vez con las trompas, supuso el aria Alzo il volo di mia fama, con el mismo protagonista. Salvo el mínimo lunar apuntado, hay que considerar excepcional la prestación del conjunto italiano. 

Esperábamos mucho de la dirección de ese magnífico clavecinista que es Francesco Corti, y el italiano respondió con excelencia. Dirección cuidada, atenta, contrastada, vibrante, de gran intensidad en el discurso dramático, con exquisito manejo de inflexiones y matices. Redujo la tijera (instrumento que tanto solicita cierto crítico de un diario de gran difusión en referencia a la Cenerentola rosssiniana) al mínimo, por lo que la partitura nos llegó en su práctica totalidad, lo que es de agradecer, porque en otras ocasiones las mutilaciones han sido de aúpa.

Párrafo aparte merece la respuesta del público. El auditorio estaba hasta la bandera, confirmando varias cosas: que el público tiene ganas de música, que el barroco, mal que les pese a algunos, tiene mucho gancho, y que, por mucho que Handel sea el de siempre, hay una constante que se repite: cuando programas buena música de grandes autores con grandes intérpretes… la gente acude en masa. El éxito fue apoteósico. La música de Handel y la globalmente sobresaliente interpretación ofrecida no merecían otra cosa. 

En otro orden de cosas, ahí van mis últimas contribuciones para Scherzo:

– Entrevista con Kent Nagano: https://scherzo.es/kent-nagano-la-musica-clasica-no-es-un-lujo-es-algo-esencial-para-nuestro-pensamiento/

– Reseña concierto Leonskaja: https://scherzo.es/madrid-el-joven-brahms-de-la-eternamente-joven-leonskaja/

 

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One thought on “Jaroussky y Baráth brillan en un magnífico “Radamisto”

  1. Hola, es estupendo que las cosas sean así, algunas veces. Me alegro mucho porque es una gran obra y si se hace bien, un éxito asegurado. Muchas gracias y enhorabuena por poder vivir estos momentos, ahí, en directo.

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