Rafael Ortega Basagoiti

Schubert – Fantasía en fa menor D. 940 para piano a cuatro manos

  1. Allegro molto moderato
  2. Largo
  3. Scherzo. Allegro vivace
  4. Finale. Allegro molto moderato

La Fantasía en fa menor D. 940 (Op. 103) de Schubert es con seguridad una de las obras cumbre en el repertorio para dúo de pianistas, pero por encima de todo es una partitura de un contenido emotivo irresistible. Compuesta el mismo año de su muerte (1828, a los 31 años), estamos ante uno de los más conmovedores testimonios de la música schubertiana, más que dignísima “hermana” de ese sobrecogedor monumento que es la última Sonata para piano D. 960. Aunque bien lejana en el clima, se estructura en cuatro secciones que se interpretan sin solución de continuidad, como ocurriera en la lejana –y asimismo magistral, pero de dibujo y atmósfera tan diferente– Fantasía Wanderer. El tema inicial del Allegro molto moderato es de una belleza y delicadeza extraordinaria, y como casi siempre en Schubert, de una pasmosa sencillez: ritmo punteado sobre la misma nota (do) con apoyatura sobre la cuarta nota asociada a un salto de cuarta ascendente. Sobre este tema construye Schubert una música presidida por el fatalismo y la honda tristeza que impregna buena parte –por no decir toda- la música de este último periodo de la vida del todavía muy joven compositor. Lo hace con su extraordinario y característico talento para dotar de los más variados climas expresivos a lo que en esencia es el mismo dibujo. Música en la que brillan el contrapunto, el temporal contraste de luz  y la aparición de nuevas ideas (una segunda, imperiosa, se presenta en el bajo y parece anticipar una fuga que aparecerá mucho después). El comienzo del Largo nos trae un contundente, rotundo recitativo tras el cual surge de nuevo, casi de forma inesperada tras la furiosa introducción, el genial talento melódico schubertiano para ofrecer un tema lleno de encanto lírico, que se funde de forma magistral con los trinos del recitativo previo. Tras el vivaz Allegro vivace que hace las veces de scherzo, lleno de luz y espontaneidad, y en el que se intercala un trio más reposado (con delicatezza) se produce un breve retorno al recitativo y a la tonalidad inicial de fa menor, sobre la que asienta la recuperación del nostálgico tema que abría la obra. En esta ocasión, la aparición de la segunda idea aboca a un colosal y tormentoso episodio fugado, con gran carga dramática, que resulta interrumpido de forma abrupta y tras el cual reaparece la melodía inicial, con una intensidad emotiva extraordinaria, hasta alcanzar un clima de sobrecogedor patetismo en la coda, donde la música parece resistirse en vano a un final casi desvanecido que ahora se revela inexorable, pero que en realidad se ha venido anunciando durante toda la obra. Interpretación soberbia la de Maria Joao Pires y Julien Libeer, cuyo enlace les dejo aquí. Que disfruten.

 

 

 

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