Rafael Ortega Basagoiti

Hermanos sí, primos no

Hace apenas un mes les apunté que cuando pudiera les contaría de una historia para no dormir con una artista que había ganado una plaza en la Orquesta del Liceu. Tras la autorización de la interesada, aquí va el relato, salpicado con algunos paréntesis del que suscribe, con el ánimo de que, sin perjuicio de la natural indignación, el espíritu de quienes amamos a la música, y por supuesto también el de la protagonista, siga en alto y con buen humor. Paula García Morales se presentó a las audiciones de una “plaza fija a jornada completa de viola tutti mediante contrato de relevo por jubilación parcial” en la Orquesta del coliseo barcelonés. En las audiciones, llevadas a cabo el 25 de julio, Paula quedó en segundo lugar. El ganador, por conflictos administrativos que no vienen al caso, no podía hacerse con la plaza, por lo que desde el Liceu avisaron a Paula que la plaza era suya si podía empezar a trabajar enseguida. La buena de Paula, lógicamente ilusionada, dejó su piso en Madrid, se buscó otro en Barcelona, se organizó sus billetes de AVE y su hotel, rechazó propuestas laborales y descartó otras audiciones, porque al fin había logrado el “grial” que para todo joven aspirante a músico de orquesta supone conseguir una plaza. Paréntesis primero: Quienes no están metidos en esto probablemente ignoren lo que, para una joven como Paula, y como tantos otros, supone escapar a los contratos temporales, a veces incluso semanales. A los bolos, mal trabajados, peor organizados y pagados… bueno, pagados cuando Dios quiere…, que se lo pregunten a los de la orquesta esa con nombre de Santa (será por aquello de que la Santa les inspire paciencia y resignación, virtudes muy cristianas) que depende de la fundación esa de la que les he hablado en alguna otra ocasión…. Si hombre, esa, sinónimo de… qué cosas digo, señor, quería decir sin ánimo de lucro. Una plaza es estabilidad, es poder organizar una vida sin estar pendiente de si la semana que viene te llaman o no, de tantas cosas. Pero bueno, volviendo al relato, Paula encuentra un piso estupendo una semana antes de empezar a trabajar y queda con el propietario para firmar contrato, pagar la fianza y demás… Y, como es natural, antes se presenta en el Liceu a pedir un justificante de nómina. Paréntesis segundo: Un justificante sí, esa tontería que resulta que, mira por dónde, te piden cuando vas a alquilar un piso, por aquello de que quien lo alquila tiene esa muy razonable manía, vaya por Dios, de cobrar el alquiler, miren qué cosas, y desea que su coronaria no sufra en un sinvivir sobre si cobrará o no. Manía que, según parece, los jóvenes músicos no pueden permitirse: ese patológico y perverso propósito de poder hacerse una vida sin estar pendientes de contratos precarios, o del enigma diario de si cobrarán o no, como en una novela de intriga mala. Y lo peor es que se tienen que acostumbrar (los músicos, no los que alquilan los pisos), porque de lo contrario terminarían como aquella película de Mel Brooks, en la “Clínica para los muy, muy nerviosos”. En realidad, la fundación precitada, por el mismo precio, ofrece trabajo y además emociones fuertes, entre las que lo de “cuándo cobrará” es una de las más habituales. Que pase el siguiente, oye, que esto va a ser la bomba. Y barrunto que a estas emociones fuertes se va a sumar alguna otra entidad. Pero bueno, volviendo a Paula y su solicitud del justificante de nómina. En ese instante, el gerente, ay señor, por qué será que con la mención de esa figura se me eriza el vello, le dice, supongo que buscando un buen escondite bajo la mesa, que “la persona que se iba a jubilar se lo estaba pensando, y que confirmaría al día siguiente”. Y como cuando la cabra, cuando le da por echar leche, la echa hasta por los cuernos, pues al día siguiente le dicen a Paula que la persona en cuestión, efectivamente, ha cambiado de opinión, que de jubilación “nanay” y que, mire, no sé cómo decirle… NO le puedo conceder la plaza. Vamos, si te he visto, no me acuerdo. Como lo oyen. Parece, según comenta Paula, que la persona en cuestión que iba a jubilarse ha tenido sus motivos en cambiar de opinión por una mala gestión del Liceu. Vaya hombre, una mala gestión. ¡Pero si no habíamos oído lo que era eso! ¡Si no teníamos ejemplo ninguno! Porque ¡qué me dice usted hombre de Dios! ¡Si la gestión de la cosa musical en España no puede ser más modélica! Vamos, sin ir más lejos, la ONE funciona como un reloj suizo, la Filarmónica de Gran Canaria convoca audiciones que gana en pleno el pluriempleado desierto (¿les suena?) y… unos meses después, las vuelve a convocar. ¡Las mismas! Creo que Desierto está haciendo las maletas y reservando billetes de avión como loco… ¿Mala gestión? ¿Pero hay de eso en España?

Así que, aquí estamos, con una joven instrumentista de viola a la que una conjunción astral perversa en la que no se sabe quién ha ganado el pichichi de la incompetencia (porque que alguien lo ha ganado, es seguro) le ha quitado lo que en justicia le correspondía. Y como ella señala en Facebook, en el camino, prepara audiciones, nervios, viaje, gastos, renuncias a otras cosas, desmantelas tu vida en una ciudad, y luego ¿qué haces? ¿Acudir a un cirujano estético a ver si te quita (gratis claro, porque la economía te la han dejado como se va a quedar la de la piel de toro) la cara de primo que se te ha quedado? Conviene recordar que Jesucristo recomendó que fuéramos hermanos… pero ¡no primos!

Los lectores me perdonarán el salpicado de algunas gotas de amargo sarcasmo, pero si no la cosa es para echarse a llorar, y yo pretendo que mis lectores piensen, y hasta se cabreen, pero espero que no lloren y, a ser posible, que sigan sonriendo. Lo que acaban de leer, responde en esencia (ella misma me corregirá si no es así) a lo que la propia Paula ha publicado en su perfil de Facebook, que por cierto incluye un certificado del gerente del Liceu diciendo que “como la profesora que tenía que jubilarse parcialmente no ha confirmado su voluntad de formalizar su jubilación”, no podían realizar el contrato de relevo con Paula. El gerente ha expresado a la interesada su intención de que “pudiera conservar la plaza” pero reconociendo que “está muy difícil la cosa”. Hombre, difícil, difícil, a la que se lo han puesto difícil, y soy suave en el calificativo, es a Paula. Y a las decenas, centenares de Paulas que hay en nuestro país. Este es solo un ejemplo. Hay más, de cosas infumables que están pasando en el mundo de las orquestas y el acceso a los puestos de trabajo, las contrataciones y demás. Así está el patio señores. Un circo, pero malo. Bueno, así y peor, que aún hay cosas que no les puedo contar, al menos de momento… y les aseguro que ya me cuesta.

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3 thoughts on “Hermanos sí, primos no

    1. No sé, supongo que Paula está ocupada intentando conseguir ese grial que ahora le han quitado de manera tan espantosa. No sé si mediarán abogados o no, hay mucho temor (justificado) a las posibles represalias entre los jóvenes músicos. Es penoso y vergonzoso, pero es así. Como he dicho en el artículo, esta es solo una muestra de lo que está ocurriendo. Hay muchas más, pero los interesados, y hay que ponerse en su piel, aguantan de momento el tirón, porque lo contrario puede costarles el futuro para los restos…

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