Rafael Ortega Basagoiti

Del basurero al patinaje

Se ha estrenado ya El Oro del Rin de Wagner en el Real, en esa producción (a cualquier cosa le llaman producción hoy en día) en la que Robert Carsen pasa por la trituradora el concepto y el libreto de Wagner sin cortarse, oigan Ya les avisé que las perspectivas eran las peores, porque “la cosa” había sido llevada por el mismo Matabosch al Liceu hace algunos años y las reseñas y testimonios gráficos prometían varios sobresaltos. Han aparecido de momento algunas críticas cuyos enlaces les adjunto.

Crítica El País https://elpais.com/cultura/2019/01/18/actualidad/1547766912_751282.html 

Crítica El Mundo  https://www.elmundo.es/cultura/musica/2019/01/18/5c411963fdddfff1698b4628.html

Crítica Beckmesser.com https://www.beckmesser.com/critica-el-oro-del-rin-la-ecologia-y-el-mito/

Como podrán leer, la cosa se mueve entre el más o menos “bueno, pase” de Arturo Reverter en Beckmesser.com y el palo de consideración de Álvaro del Amo en El Mundo, sorprendiendo el pescozón de Gago (suavecito, pero pescozón al fin) en El País, porque ya se sabe que El País con el Real despliega una dulce benevolencia, tras la cual hay que suponer, incluso sin ser malvado, que está el hecho de que el Marqués, estaba (no se si sigue) en el Consejo de Administración de PRISA. Servidor acudirá el próximo viernes, no sé si con un Valium o con alguna inyección de “ánimo y que no decaiga”. Tal vez alguna herramienta de auto convencimiento, tipo “venga, que no será tan malo, esto de la basura tiene su encanto” y tal. Porque si no, con la pasta que cuestan incluso las localidades más o menos modestas como la que ocupo, la cosa puede ser como de antidepresivo y terapia de grupo. Me veo saliendo traumatizado y recordando a Forges en una de sus memorables viñetas, que podría parafrasearse así: “Hola, soy Rafa y ayer fui a ver El Oro del Rin al Real”, a lo que los demás participantes de la terapia contestarían, cual letanía solidario-compasiva de la mejor clase de wagnerianos anónimos: “Hola Rafa, te queremos Rafa”. Una necesaria inyección de motivación para recuperar el oremus tras el shock de la velada (?) wagneriana (???). Les contaré el resultado de esta representación del basurero.

En otro orden de cosas, hay que encontrar algún motivo de consuelo, aunque sea leve. Alguno de los dislates sobre los que comenté el otro día, en concreto el mexicano, ha sido desmentido https://www.codalario.com/carlos-miguel-prieto/noticias/el-desafortunado-error-administrativo-que-ha-puesto-en-un-compromiso-a-carlos-miguel-prieto_7702_3_23680_0_1_in.html. Parece que el portal de transparencia mexicano contiene errores y confusiones de pesos y dólares, y quien ha buceado en el asunto (el diario Excelsior) se ha hecho un lío de consideración, ha dicho aquello de que tres por dos son diecisiete y la cosa ha terminado en un follón monumental que gracias a Dios se ha demostrado sin fundamento, algo de lo que hay que congratularse.

Pero como la alegría dura poco en casa del pobre, me temo sin embargo que otras noticias invitan más al “¡Ay Señor, qué paciencia”, ese tipo de cosas ante las que Toscanini hubiera bramado en algún ensayo un vociferado “¡Madonna santissima!”. Porque resulta que el otro día se han publicado unas declaraciones del nuevo director del Auditorio de Barcelona, Robert Brufau. https://elpais.com/ccaa/2019/01/16/catalunya/1547662731_370402.html.

Se descuelga el bueno de Brufau diciendo que para atraer más y nuevo público al Auditori hay que meter mano a los precios, porque tienen una ocupación de la sala sinfónica del 70% y la edad media de los asistentes es de casi setenta años. Loable propósito sin duda. Pero se desliza el nuevo mandamás del auditorio barcelonés, como si estuviera ejecutando el Vals de los patinadores de Waldteufel, y parece olvidar que muchos conciertos de música pop, a los que los jóvenes asisten en número de decenas de miles, son muchísimo más caros que los de clásica. Hace no mucho les mencionaba el ejemplo, de una espectadora que había pagado, según declaró a la radio, válgame Dios, 240 papeles por una entrada para un concierto de Mariah Carey, que no se sabe qué es más excesivo en el hecho, si el precio o Mariah Carey. Como Hernández y Fernández, “yo aún diría más”. Los precios de ese personaje único que dirige a la vez la Fundación sinónimo, digo sin ánimo, yo es que no termino de aprender, o sea, nuestro amigo de la Excelentia, son, por ejemplo, sensiblemente más caros que los de la Nacional, porque el sinónimo no está subvencionado y además, qué demonio, una cosa es estar sin ánimo del sinónimo y otra empezar a generar números rojos, que luego vienen los hombres de negro y todas esas cosas. Y sin embargo, nuestro amigo llena sus eventos. Más aún: el otro día estuve por funciones críticas en el concierto de La Filarmónica en el que se ofrecía la Novena de Mahler. Los precios tampoco eran baratos. Lleno hasta la bandera. Así que, entérese el señor Brufau: el problema de los públicos NO es el precio de la localidad. Es lo que se le ofrece, en calidad y en interés de la programación. Y lo que se esconde tras ello, en lo que tiene mucho que ver la infausta política (a cualquier cosa le llaman política) educativa y la nula presencia que la música tiene en la educación de nuestros jóvenes. Claro que Brufau, firmemente asentado sobre las prerrogativas del despiste o la ignorancia, se descuelga luego, qué boda sin la tía Juana, con el despropósito de decir que en cinco años se ha propuesto que el 50% de la presencia directorial en el Auditori, en un periodo de 5 años, sea de mujeres. O sea, 50% de mujeres directoras en el Auditori en cinco años, sí o sí. Da igual que sus méritos sean paralelos a los de los hombres o no. De hecho da igual que haya hombres que igual reúnan más méritos. Se trata del 50% por decreto. Según él “hay muchas”. Yo le diría que haberlas, haylas, pero con una carrera suficientemente estimable como para llegar a ese porcentaje en ese tiempo, de una manera “natural”, es decir, sin forzar situaciones de cuotas “por decreto” creo, honestamente, que no. Y no creo que a la música le haga ningún favor forzar cosas como estas por decreto. Deje el señor Brufau, y otros como él, que sean los méritos los que lleven la diversidad a los podios, y a buen seguro que lo harán, y no el “voy a quedar bien con lo del 50% que esto de la igualdad, mola”. Deje de patinar, Sr. Brufau, que por mucho que lo haga con música de Waldeufel, se la va a pegar usted y le van a tener que poner una cataplasma. Ya decía yo que del basurero al patinaje, la cosa no podía terminar bien.

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7 thoughts on “Del basurero al patinaje

  1. Yo creo que para ajustar más las expectativas de los espectadores a la realidad, deberían rebautizar la representación como Das ValdemingomezMüll, representación escénica con música (solo, y gracias) de Richard Wagner, recreada para la ocasión por el insigne escenógrafo Robert Carsen (sustituir aquí por el de turno, que hay larga lista…)

    En fin, desde luego mientras sigan por esa vía, servidor pasa olimpicamente de gastarse el dinero en «recreaciones» de las que sale con complejo, por no entender las «genialidades» del fenómeno de turno. como decía ya hace décadas un entrañable personaje de Astérix, subido en la tarima de un teatro, «somos todos feos, pero vosotros -los espectadores-sois más feos que nosotros».

    Mientras tanto, algunos seguiremos proclamando que «el rey está desnudo», como en la fábula!!!

    1. Totalmente de acuerdo. Es lastimoso pero es así: al final acaban echando a los aficionados de los teatros y terminarán acudiendo solo aquellos que disfrutan con estas boutades o, lo que es peor, aquellos que en realidad acuden al fenómeno social y a los que, obviamente, le importa poco lo que pasa en el escenario, porque «mola» ir a la ópera. Que de esos también hay. Mi crítica saldrá el sábado en otro medio pero colgaré aquí el enlace correspondiente junto con todos los demás que he recogido. En la misma entrada habrá algunas otras noticias «curiosas».

  2. A mi me parece que El País hace una crítica francamente mala del Oro, con sorna y mencionando detalles que hacen pensar en un ridículo grande de la escena y en un sonido malo de la orquesta. Aunque esté en Prisa…

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