Rafael Ortega Basagoiti

Facundo y su mundo

A todos nos suena aquello de ¡Cómo está el mundo, Facundo! Nos suena incluso más que el eslogan gracioso para el anuncio de las pipas del mismo nombre, ese que rezaba “Pipas Facundo, un placer de este mundo”. Pero sí, la verdad es que de vez en cuando uno echa un vistazo al panorama y tiende a recordar aquello que decía Tip: “no sé si cortarme las venas o dejármelas largas”. Yo más bien prefiero lo segundo, porque cortárselas como dicen que hizo Petronio mancha mucho y lo pone uno todo perdido. Repasemos… Ayer me remitieron un artículo que no había leído, aparecido en enero en ElCorreo.com (https://www.elcorreo.com/culturas/territorios/polvora-20190126171307-nt.html), firmado por Juan Carlos Sancho y titulado “La pólvora del Rey”. El autor, director de la agencia de representación y producción musical Iberkonzert, dispara contra la gestión de los dos “agujeros negros” que son, según él, el Real y el Liceo, viniendo a decir que se gasta un dineral (dineral que no se emplea en otros teatros de provincias) para mantener los dos grandes coliseos de Madrid y Barcelona, contratando a precio de oro producciones, cantantes y directores, mientras se hurta la posibilidad a los artistas patrios de desarrollar en su país una carrera razonable, y además se convierte a la ópera en un producto carísimo reservado a unos pocos. Los lectores de este modesto blog saben que no soy sospechoso de adhesión inquebrantable a los mandamases del Real, pero lo cierto, en este caso, es que, aunque en muchas de las cosas que defiende Sancho no le falta buena parte de razón, hay que proporcionar alguna información adicional que ponga sus críticas en contexto. La cosa nace de la supuesta preminencia de cantantes extranjeros entre los contratados por el Real. Ahí hay varias matizaciones que hacer. La primera es si, extranjeros o no, se está contratando a los cantantes adecuados. De lo que vengo escuchando en las últimas temporadas, tengo mis serias dudas sobre el particular. El reparto de la Carmen del pasado año (la de la famosa producción infumable de Calixto Bieito, para mí inexplicablemente jaleada por la crítica), el de Aida, el del reciente Oro del Rin… no han dado precisamente satisfacciones. Lo siento, en esto soy como en lo del género. No se trata de contratar españoles porque sí, ni de obsesionarse con que en todo haya un 50% de mujeres porque sí. Se trata de que lo que se contrate sea BUENO. De hecho, muy bueno. Porque muy bueno tiene que ser para que el nivel del Teatro responda a lo que dicen sus mandamases: que tiene una “excelencia incontestable” (palabras de Matabosch en una entrevista a la que me referiré después). Parece olvidar además el señor Sancho que el Real ahora mismo se financia en un 75% de dinero privado. ¿De verdad cree el Señor Sancho que las grandes corporaciones que ahora mismo soportan las finanzas del Real pondrían su dinero para soportar Teatros de Provincias con artistas poco o nada conocidos? Mucho me temo que eso resulta de un optimismo desmedido. Y, naturalmente, ya nos podemos ir olvidando de la financiación pública. Y mientras el Marqués siga de mandamás, también de que las pautas cambien. Pero no nos engañemos. En este caso, lo de la “pólvora del rey” es un cierto espejismo, porque el grueso del dinero del Real NO viene de las arcas públicas. Y ese es uno de los problemas, porque precisamente de ahí se derivan toda una serie de servidumbres y conflictos de interés, con el sangrante ejemplo del Marqués estando al frente del Consejo de Administración de la mayor discográfica del planeta tierra.

He mencionado de pasada una entrevista que desde otra revista digital se le hace a Joan Matabosch, director artístico del Real (https://parnasodelasartes.com/luis-agius-entrevista-a-joan-matabosch-para-el-parnaso-de-las-artes/). Le pregunta el entrevistador, Luis Agius, por la presencia presuntamente menor de batutas de renombre en el Real, y el actual responsable artístico, con la arrogancia que le caracteriza, se descuelga con esta afirmación: “Me puedo imaginar muy pocas batutas con más renombre que las de Ivor Bolton, Nicola Luisotti, Pablo Heras-Casado, Daniel Oren, Semyon Bychkov o James Conlon, todas ellas presentes en las últimas temporadas en períodos generosos de trabajo intenso con la orquesta y el coro. Si se refiere al provinciano desfile de divos que pasan ocasionalmente por el podio de algunos teatros, me puedo imaginar pocas cosas que me interesen menos. Eso no tiene el más mínimo interés para el teatro ni contribuye en nada a mejorar el nivel artístico. Es pura mitomanía para públicos y críticos aquejados de complejo de inferioridad”. Mire, Sr. Matabosch, si se puede usted imaginar muy pocas batutas de más renombre que las que usted cita (y ya le vale meter en el mismo saco a Oren y a Bychkov, un maestro definitivamente instalado en la élite mundial, algo que no me parece que puede decirse de los otros, por no hurgar más en el asunto), es que se imagina usted más bien poco. O tal vez el “provinciano desfile de divos” en algunos teatros incluya directores “de tercera” como Antonio Pappano, Riccardo Chailly, Kiril Petrenko, Andris Nelsons, Daniel Barenboim o Christian Thielemann, por mencionar solo media docena, así, sin pensar demasiado. Que usted pretenda contentarse con los que usted cita me parece muy bien. Que diga que la presencia de alguno de estos otros que yo acabo de citar no tiene el más mínimo interés para el teatro ni contribuye en nada a mejorar el nivel artístico es algo que solo se puede explicar desde la ignorancia supina o, peor aún, desde un complejo supremacista que requeriría que se lo haga mirar con urgencia. A lo mejor no son otros quienes tienen que explorar un complejo de inferioridad. A lo mejor son ustedes los que tienen que hacerse mirar esa arrogancia que les hace ir por la vida con el lema aquel de “nosotros somos los buenos, nosotros, ni más, ni menos”. La entrevista tiene algunas perlas más, como cuando le preguntan por qué no vemos aquí a los Kaufmann, Garança o Netrebko en funciones de ópera, y el catalán se descuelga diciendo “… Como público, me parece estupendo que haya quien pierda la cabeza por algún gran artista o incluso por algún producto de marketing de los que tristemente tanto abundan en el panorama operístico del momento”. Esta ya es la bomba. Que el Real presuma de que no vende “productos de marketing”, cuando tiene una de las mayores maquinarias de marketing del mundo moderno, cuando pretende vendernos como “de primera” a cantantes y directores que no lo son en absoluto, es el colmo del desahogo. En fin, la depresión llega a su punto máximo cuando, por desgracia, Matabosch desmiente los rumores que le situaban en la ópera de París para afirmar que está comprometidísimo con el Real, lo cual, qué quieren que les diga, es una pésima noticia teniendo en cuenta lo que estamos viendo y oyendo, por mucho “complejo de inferioridad” que el supremacista Matabosch atribuya. A mí los complejos que distribuye Matabosch me importan un bledo, o un rábano, que no se qué tiene menos valor (hay un vídeo reciente del genial Marcos Mundstock para el Congreso de la Lengua en el que ofrece una tronchante alusión sobre el tema: https://www.youtube.com/watch?v=yIwdMYPBrgQ), pero por el bienestar de la afición y el disfrute de algunos de nosotros, sería bueno que tomara las de Villadiego.

Decía antes, al hablar del artículo de Sancho, que de lo que se trata es de que la gente que se contrate sea buena. Pero El País, que parece haber decidido hacerle la competencia al inefable Darío Prieto de El Mundo, en una reñidísima competición para ver quién dice más tonterías, arremete contra el INAEM porque los nombramientos recientes (Director Artístico de la OCNE, Director del Centro Dramático Nacional, etc. hasta 5) han sido, vaya por Dios, hombres (https://elpais.com/cultura/2019/04/05/actualidad/1554483515_167234.html). Olvida el autor que ahora mismo, la directora del INAEM, a saber, jefa de todos estos caballeros, es una mujer. Así, para empezar. Luego se revela que, de los 69 candidatos presentados, sólo 15 eran mujeres, de las que tres llegaron a la fase final en el proceso de selección (no se nos dice, y sería interesante saberlo, cuántos hombres de los 54 que se presentaron llegaron a esa misma fase… lo digo por calcular el porcentaje, que igual era ilustrativo…, pero claro, dando solo parte de la información se manipula mejor). Y la perla viene cuando Anna Caballé, Presidenta de la Asociación para la Igualdad de Género en la Cultura llamada “Clásicas y modernas”, toma castaña, se descuelga diciendo que “No vale decir que se presentaron pocas mujeres, hay que adoptar una actitud proactiva para que se presenten”. Arrea. O sea, que si no se presentan suficientes mujeres hay que mandar una brigada para que, armas en mano, conminen a más mujeres a presentarse al asunto, les apetezca o no. O sea, algo como esto: “Hala tú, ¡a presentarte!” “Pero oiga, si yo es que…” “Ni es que, ni nada. Esto de la igualdad es un bien superior y te presentas sí o sí porque si no te presentas no tenemos argumento para la queja”. Servidor está, desde luego, por el máximo respeto a la igualdad. Pero que en la defensa de ésta se caiga en influir sobre la decisión de las personas de presentarse o no a un proceso de selección, me parece sencillamente delirante. Por cierto, nadie ha discutido sobre la bondad de estos nombramientos. Algo es algo. Al menos no han intentado despellejarlos, como sí hizo el bueno de Prieto con Thielemann en su día. Lo dicho. Facundo, querido, la cosa está muy malamente. El mundo, de tan inmundo, no es nada jocundo, de manera que yo, rotundo, entre cortarme las venas y comer pipas, me decido por lo segundo. Siempre que sean las tuyas, claro, por aquello del placer de este mundo…

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