Rafael Ortega Basagoiti

Notable «Mesías» de Robert King

Madrid. Auditorio Nacional. Sala Sinfónica. Ibermúsica 50 años. Concierto extraordinario de Navidad. Handel: El Mesías, HWV 56. Keri Fuge, soprano. Hilary Summers, contralto. Nick Pritchard, tenor. Edward Gring, bajo. Coro y Orquesta The King’s Consort. Director: Robert King.

Volvía Ibermúsica a ofrecer en estas fechas el famoso oratorio de Handel, El Mesías. Si hace un par de años fue William Christie el encargado al frente de sus conjuntos de Les Arts Florissants (el otro día, por cierto, ofrecieron un espléndido concierto en el ciclo del Universo Barroco del CNDM, dedicado a Purcell, Handel, Charpentier, Lully y Rameau), y el pasado año se le encomendó la tarea a Daniel Reuss y la Orquesta del Siglo XVIII, en esta ocasión los intérpretes fueron Robert King y los conjuntos que él mismo fundó. El británico es intérprete de total garantía en este repertorio, porque Purcell y Handel han centrado buena parte de su labor, que incluye el rescate del olvido de algún oratorio prácticamente desconocido de este último, como fue el caso de José y sus hermanos. Tengo siempre mis dudas, aunque sospecho que las limitaciones presupuestarias, demasiadas veces no confesadas, están tras el asunto, sobre la adecuación de las plantillas que manejan estos repertorios en salas con aforos cercanos a las 2000 localidades. La orquesta presentaba una plantilla de cuerda justa (5/4/2/2/1) más dos oboes, fagot, 2 trompetas, timbales, clave y órgano positivo, y el coro estaba formado por 18 voces (6/4/4/4), algo corto, creo, para el tamaño de la sala. Entre los masivos Mesías participativos con centenares de coristas, que parecen incompatibles con la agilidad que la escritura de Handel demanda, y las plantillas cuasi esqueléticas a que a veces se nos acostumbra con pretextos filológicos discutibles que disimulan con escaso éxito la verdadera razón económica del asunto, hay un punto medio que aún está por llegar. Como hay cosas que no cambian, el empeño en no cambiar la hora de comienzo del concierto obliga, en obra de tanta duración, a severos cortes en la partitura, que a quienes nos consideramos fervientes admiradores de la misma, nos duelen en el alma. Ya padecimos el inevitable bisturí cuando vino Christie. Ayer, dado que en la primera parte nos escapamos apenas con una versión abreviada del nº 12 (la pastoral Pifa), el que suscribe se las prometió muy felices. Pero por desgracia la amputación en las dos partes siguientes fue sencillamente inclemente: cayeron los nº 26 a 32 (que incluyen tres arias, dos coros y algún recitativo), 34 (dueto y coro How beautiful are the feet), 35 (coro their sound is gone out), 37 (coro Let us break), 44 (el precioso dueto O death where is thy Sting) y el nº 45 (coro But thanks), además de omitir entera la sección central del nº 43 The trumpet shall sound. Dentro de las cosas que no cambian, tampoco cambió el ataque del criminal del móvil. Lo hizo en varias ocasiones, pero la más canallesca tuvo el desgraciado infortunio de ocurrir en la misma aria, He was despised, que motivó hace dos años el arranque enfurecido de Christie, que interrumpió la ejecución y abroncó públicamente al cenutrio. King fue más discreto, y aunque elevó la mirada como diciendo “My Goodness”, prosiguió su tarea, junto a la contralto Summers, en encomiable ejercicio de contención. En lo que a la interpretación se refiere, King se movió en parámetros esperables, con tempi bien juzgados, sin extravagancias de fraseo (aunque alguno hubiera podido ser algo más enjundioso) y bien resaltadas las voces intermedias (especialmente en la segunda parte, momentos realmente brillantes como Surely, el emocionante Since by man came death o los dos últimos), siempre bien delineado el tejido contrapuntístico. El coro del King’s Consort no alcanza la pasmosa perfección del Monteverdi o la también magnífica redondez de The Sixteen, pero es una formación en todo caso sobresaliente, capaz de lidiar de manera más que satisfactoria con la muchas veces endiablada agilidad handeliana (esa tramposa figura de semicorchea con puntillo-fusa que aparece traicionera en His yoke is easy parece toda una invitación al accidente, y muchos coros acaban haciendo semicorchea-semicorchea que es más fácil), aparte de matizar siempre con exquisitez una partitura que sienten, quizá como pocas otras, como profundamente suya. Esto es así hasta el punto que los solistas, cercanos a mi localidad, apenas podían reprimir la tentación de susurrar también muchos de los coros, sobre todo en el tercio final de la obra. En este sentido, el coro del King’s se mostró, creo, bastante superior al de Les Arts Florissants hace un par de años. Estupenda prestación orquestal, con una cuerda ágil, presidida con brillantez por la concertino Alida Schat. Excelente grupo de continuo y perfecta, inmaculada, prestación del trompeta Peter Mankarious, en su difícil cometido desde la trompeta natural. Si El Mesías no es posible sin un coro de garantías, tampoco lo es sin un cuarteto solista solvente. Puede decirse que el de ayer lo fue, aunque el nivel no resultara uniforme. Brilló, en una categoría creo que diferente de la de sus compañeros, la voz de Keri Fuge, preciosa en el timbre, poderosa en el volumen, pero también ágil y con una línea de canto estupenda y de gran expresividad. Sin duda la triunfadora del cuarteto. Pese a sufrir bastantes cortes, las contribuciones que tuvo el tenor Pritchard fueron también excelentes. Su voz no es especialmente grande pero sí bella en el timbre y acertadísima en el matiz, dibujando con clara articulación las agilidades. Summers posee una voz no ingrata, tal vez algo áspera cuando fuerza la emisión, y su volumen vocal no responde a su imponente presencia (casi igualaba en estatura, desde la plataforma, a King que estaba sobre el podio). Con todo, su He was despised fue suficientemente convincente y expresivo. El bajo Grint no posee mala materia, pero la emisión se quiebra cuando se fuerza el volumen y dio la sensación de sufrir considerablemente en las agilidades, algo muy notorio en Why do the nations. Mejor, en este aspecto, en The trumpet shall sound, donde la demanda es diferente. En todo caso, una interpretación globalmente notable, donde, aparte cierta cortedad de la plantilla y algún solista mejorable, lo peor fueron los severos recortes a la partitura, sobre todo porque se podían haber evitado con un adelanto de la hora del concierto. Encomiable el esfuerzo de sobretitular el texto, algo que ocurre en Ibermúsica (patrocinio de Idealista) por primera vez. No puedo, sin embargo, dejar de reseñar que la traducción ofrecida fue lamentable, y no es la primera vez. Hace poco asistimos a una traducción, en el Requiem de Mozart, en la que Hosanna in excelsis resultó ser Hosanna en lo más alto. Ayer vimos cosas como His yoke transformados en Mi carga, o The government convertidos en El señorío. Sin comentarios.

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5 thoughts on “Notable «Mesías» de Robert King

  1. Alguna aportación a lo que comentas:
    1. Sobre el equilibrio entre plantillas adelgazadas de coro y orquesta y conciertos participativos con cientos de voces. Paul McCreesh dirigió la semana pasada a sus «adelgazados» pero notables conjuntos de la Casa da Musica de Porto optando por encomendar los pasajes de agilidades a su coro de 18 voces, mientras reservaba el coro de aficionados con más de 400 voces a los pasajes o números menos comprometidos en ese aspecto. El contraste entre ambas situaciones resultaba espectacular, aunque también tenía sus inconvenientes: la orquesta debía resultar inaudible para buena parte de los cantantes aficionados lo que en algunos números se tradujo en pasajes claramente calantes.
    2. Sobre los cortes de la partitura: McCreesh fue bastante más respetuoso y límitó los cortes a una versión abreviada de la Pifa y algún otro recorte menor que no recuerdo. Eso sí el concierto que comenzó a las 19,30 finalizó sobre las 22,30.
    3. El aria He was despised fue masacrada por las toses. Creo que no exagero si digo que casi hubo más toses que notas cantadas por la contralto Caitlin Hulcup.

    1. Gracias Luis por la aportación. El propósito, desde luego plausible, de los «participativos» es justamente ese: que la gente participe y lo disfrute. Que experimente lo irrepetible que es la sensación de hacer música. Obviamente, cuando se abre la puerta a centenares de coristas y la orquesta se mantiene en apenas una veintena de instrumentistas… el balance se va al cuerno y pasa lo que pasa. En otro orden de cosas es lo mismo que cuando los apóstoles de «una voz por parte» (materia que trataré en su momento) defienden el sindios de un coro de 8 voces para la Misa en si menor con una plantilla de treinta instrumentistas que incluye trompetas y timbal, todo ello para una sala de 2000 personas. Bien por McCreesh y su decisión de no cortar. Se ve que Ibermúsica no estaba por la labor de terminar tan tarde, y optaron por el bisturí. Y sobre el aria en cuestión… estoy por proponer que hagan como cuando vas a hacerte una radiografía: que alguien salga con una pancarta que ponga aquello de «quieto, no respire» jajaja. Igual algún criminal del movil se desmaya y todo.

  2. Hola, ¡cómo me lo he pasado leyendo tu crítica!.. bueee.. parece que globalmente fue bastante buena la actuación, salvo por los recortes en el número de participantes que es realmente fundamental en estas obras y los móviles, inevitables hasta que alguien tome una medida drástica (¡móviles a las taquillas! y cerrados durante los conciertos o algo similar).. aunque tengo que decirte que, en nuestros conciertos, en los de la Fundación NO TENEMOS ESE PROBLEMA.. hasta ahora no. Y con lo que definitivamente me he partido de risa, las traducciones.. ese Hosanna en lo más alto, me ha llegado como no podía ser de otra forma, al alma, .. jejejeje.. qué esfuerzo de creatividad.. muy bueno. ¡Cómo te lo pasas yendo y viniendo al Auditorio!. ¿Eres consciente de la envidia que despiertas?. Gracias por tu comentario, fantástico y esclarecedor.

    1. El concierto fue razonablemente bueno aunque no exento de pegas, como has podido ver. Pero fue un Mesías disfrutable. Creo que más de lo que ha visto algún colega, que se ha dedicado a sacar los trapos sucios pasados de King (lo que no me parece de buen gusto y por lo que ya ha pagado su castigo) y a atacar al coro, y también que juzga que el mejor solista del cuarteto fue el barítono, que para mí, fue tal vez el más flojo. Como ves, para gustos los colores. Lo de las traducciones, tela marinera. Respecto a la envidia que despierto… bueno, jejeje, lo siento. Pero mi trabajo me cuesta, no creas. Gracias a tí por seguirme, leerme y darme tu opinión.

  3. El morbo vende querido Rafael, no te olvides. Y opino exactamente lo mismo, ya se ha dich, ya se ha pagado..¿para qué seguir haciendo leña del árbol caído?. No me parece bien. Gracias.

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