Rafael Ortega Basagoiti

Buenísimo, a las puertas de lo excepcional

Madrid. Auditorio Nacional. Sala Sinfónica. 22-XII-2019. Ciclo “Universo Barroco” del CNDM. Collegium Vocale Gent. Hana Blazikova, soprano. Alex Potter, contratenor. Georg Poplutz, tenor. Peter Kooij, bajo. Director: Christoph Prégardien. Bach: Oratorio de Navidad BWV 248, Cantatas nº 1-3 y 6.

De vez en cuando se dan algunas coincidencias absurdas de programación. La semana que acaba de concluir ha tenido una de ellas. El miércoles 18, el ChorWerk Ruhr y la orquesta belga B’Rock, dirigidos por Florian Helgath, ofrecían las cantatas 1-3 y 6 del Oratorio de Navidad de Bach, para el ciclo de Ibermúsica. No asistí a ese concierto, pero pueden leer la reseña de Eduardo Torrico para Scherzo aquí (https://scherzo.es/madrid-prescindible-oratorio-de-navidad/). Apenas cuatro días después, dentro del ciclo “Universo Barroco” del CNDM, se ofrecía en la misma sala del Auditorio madrileño, la misma selección de Cantatas del mismo oratorio, en esta ocasión con el también belga (pero mucho más establecido) Collegium Vocale de Gante, al que, por primera vez en estos lares, veíamos sin su fundador y titular Philippe Herreweghe, reemplazado por el tenor alemán, que ha empezado a desarrollar carrera como director, Christoph Prégardien. Debo hacer algunas consideraciones iniciales, aparte de la primera, obvia, sobre la, creo, desgraciada coincidencia de la misma obra dos veces en cuatro días. Para empezar, está el tema de ofrecer el oratorio íntegro o no (y en ello estoy de acuerdo tanto con Torrico como con Sarría, cuya reseña del domingo pueden encontrar aquí: https://scherzo.es/madrid-pregardien-a-la-batuta-sensacional-oratorio-de-navidad/). Hace años se hacía, hoy se ha dejado de hacer y las interpretaciones completas se han convertido en una excepción. Es cierto que la concepción original es la de seis cantatas para su ejecución en días diferentes, y que, como tal, admite la “amputación relativa” que nos ofrecen estas selecciones, tal como señala Luis Gago en sus breves notas al programa de mano. Pero también lo es que la partitura, disfrutada en su totalidad, es una verdadera delicia. El pretexto, empleado recientemente por algunos intérpretes, de que al público le cansa escucharlo en su totalidad, me resulta difícil de digerir. Para empezar, porque obras como la Pasión según san Mateo son bastante más largas y el auditorio se llena de manera sistemática (y muy comprensible) cuando se interpreta. Y para seguir, porque creo que no hay evidencia alguna de que eso sea así. Más aún: el domingo, la cosa se saldó con algo que yo no había visto nunca: dos números de las cantatas interpretadas ofrecidos como propinas ante el éxito obtenido. Yo diría, visto el clima en el que se desarrolló el concierto, que el presunto “cansancio” anticipado del público es un argumento difícil de creer.  En cambio, me van a permitir los lectores una maldad. Maldad que le da la mano a un argumento que sí pesa, y cada vez más, estos días: el económico. Los lectores saben, porque me he manifestado al respecto en más de una ocasión, aunque trataré el tema con la extensión y profundidad que merece en otro momento, en una pieza que estoy preparando, que el asunto de la reducción en el contingente instrumental y vocal para la interpretación de estas obras es motivo de controversia. En el año 1981, Joshua Rifkin se descolgó con un artículo titulado Bach’s Chorus, defendiendo que en realidad la mayor parte de las obras corales de Bach, por no decir que todas, estaban previstas para un vocalista por parte (soprano, alto, tenor y bajo). Tras Rifkin, surgieron apóstoles, alguno furibundo, como Andrew Parrott, a favor de tal tesis. Otros muchos, desde Christoph Wolff (que dirigió la Neue Bach Ausgabe para Bärenreiter), Ton Koopman, Philippe Herreweghe o John Eliot Gardiner, por no hablar del patriarca Harnoncourt, pasaron olímpicamente del tema, que, en su opinión, y en la mía, estaba apoyada sobre un barrizal. Pero el argumento filológico reductor, que prescindía, no solo de las continuas demandas de Bach para disponer de más medios, sino del trascendente argumento del balance y del lugar en el que tiene lugar la ejecución, resultaba sospechosamente oportuno y conveniente en un momento de restricción económica. Así, en los últimos 15 años hemos asistido a un creciente número de agrupaciones (sobre todo en Reino Unido, aunque también en otros lugares) que, con el argumento filológico mencionado como pretexto (la limitación presupuestaria queda fea), pretenden despachar los grandes oratorios de Bach con “coros” de cuatro o seis voces, ocho en algún caso (Misa en si menor, Pasión según san Mateo), eso sí, ofrecidas, no en pequeñas iglesias, sino en salas de 2000 personas. Estos “coros”, enfrentados a contingentes instrumentales que, incluso limitados al máximo, les superan en número, pierden, como no puede ser de otra manera, la batalla de la presencia sonora de forma sistemática, quedando el espectador de la gran sala de conciertos sometido a una dictadura de pretendido origen “auténtico” y realidad mucho más prosaica: no hay pasta. En efecto, creo que es la no confesada economía la que se esconde tras muchas de estas decisiones, también sobre la tendencia creciente a utilizar cantantes del coro para los papeles solistas. Se olvida, sin embargo, que Bach, de haber podido disponer de mejores medios, los hubiera utilizado sin dudarlo (de ahí sus continuas quejas).  Lo cierto es que el espectador actual se enfrenta con demasiada frecuencia a oratorios en los que los solistas vocales van justitos de nivel (porque lo que puede valer para el coro puede fácilmente ser insuficiente para un rol solista, y más en un auditorio de 2000 personas), con contingentes adelgazados al extremo por mor del ahorro, y, como ha sido el caso, con una selección de obras que evita (como es el caso en la eliminación de la cuarta cantata del oratorio navideño) la contratación de intérpretes de trompa. Hago toda esta consideración porque creo que el excelente concierto ofrecido por el Collegium Vocale debe situarse en el justo contexto. El coro belga es magnífico, muy difícil de superar en redondez, maleabilidad, empaste, belleza de matiz y agilidad. Lo es también la orquesta, desde la cuerda presidida por Christine Busch hasta el oboe del impagable Marcel Ponseele, al que llevamos admirando tantos años, pasando por el admirable trompeta Rupprecht Drees, que superó con notable la despiadada partitura que Bach le reservó en la última cantata de la colección. Para colmo, se vio obligado a repetir proeza dado que el coral que cierra la obra Nun seid ihr wohl gerochen, con su endemoniado solo de trompeta, fue repetido como primera propina. Quedaba por averiguar cómo se desempeñaba Prégardien en su nueva faceta directorial, pero el alemán, músico consumado, que ha mamado esta música de los Herreweghe, Leonhardt y compañía, se reveló casi como un consumado sosías del fundador del Collegium Vocale, con lo que uno entiende bien que, en esta ocasión (y creo que no será la única) le cediera el testigo. Su dirección, sobria pero siempre expresiva, claramente dibujado el tejido contrapuntístico, impecablemente articulados los corales, con la conexión retórica adecuada, los tempi admirablemente elegidos, fue sobresaliente, independientemente de que algunos, yo entre ellos, podamos preferir algún acento más incisivo como los que presentaba Harnoncourt en algunos puntos de esta obra. Dicho todo lo anterior, hay cosas que, personalmente, creo deben reseñarse. Por muy buenas que sean, que lo son, 16 voces parecen, siendo generosos, un poco justas para una sala tan grande. Creo que 6 cantantes por cuerda hubieran ofrecido un balance más adecuado y dudo que Bach se hubiera rasgado las vestiduras por ello (queda mucha distancia hasta las más de 150 voces empleadas por Mendelssohn en sus interpretaciones de los oratorios del Cantor). Tampoco entiendo muy bien que, en algún momento (aria Bereite dich Zion, por ejemplo) se enfrenten 3 violines con 2 chelos, un contrabajo y un fagot, además del órgano. La preminencia de los graves lesiona la presencia de la melodía. Y, por fin, el papel de los solistas vocales. Alex Potter estuvo magnífico toda la noche, y, dentro del éxito apoteósico general, se llevó con toda justicia la parte del león. Poplutz superó sus recitativos y arias con absoluta competencia pero su volumen queda evidentemente corto para la prestación solista. El veteranísimo Kooij afrontó con determinación su Grosser Herr, o starker König, pero también, y más con los años, va un poco justo de volumen. Algo que le ocurrió también a Blazikova. Con la excepción de Potter, cantantes muy competentes, que incluso pueden ser perfectos (como el contingente coral) para la interpretación de la obra… en otro marco. Pero que, en una sala como el auditorio nacional, quedan cortos y pueden resultar apenas audibles en las localidades más lejanas. Conviene no olvidar que los medios deben ajustarse al marco y a las condiciones acústicas. Definirlos solo por motivos filológicos o, peor aún, económicos, no parece aconsejable. Todo ello no es óbice para remarcar la estupenda calidad musical general del evento. Pero como digo una cosa también digo otra: un contingente orquestal y vocal más adecuado y unos solistas, excepción hecha del contratenor, con más presencia, hubieran conseguido un nivel excepcional. En esta ocasión, bajo el mandato de las restricciones, nos quedamos a las puertas.

Al día siguiente de este oratorio pudimos disfrutar del Concierto de Navidad de la Sinfónica de Madrid, nada menos que con la Novena de Beethoven. Pueden ver mi reseña para Scherzo aquí: https://scherzo.es/madrid-el-siempre-incuestionable-impacto-de-beethoven/

Ahora sí, ahora toca un pequeño parón hasta después de Navidad. Feliz Navidad a todos

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