Rafael Ortega Basagoiti

Poco a poco de nuevo viviente

El último periodo vital de muchos grandes compositores se encuentra a menudo impregnado de problemas de salud y ánimo. Hay, en bastantes casos, una alternancia contrastante entre la tristeza, la interrogación, la resignación y hasta la encendida rebeldía, una suerte de tempestuoso levantamiento de un espíritu que se niega a aceptar un final que se adivina, quizá una suerte de trasunto instrumental de ese insolito vigor que menciona Violetta justo antes de su trágico final en La Traviata.

Hay también, a veces incluso por encima de la salud o el ánimo dañados, una reacción de febril actividad (el caso de Schubert) como si se desatara una tempestad de urgencia para hacer o desarrollar cosas, tal vez porque se es consciente de que el tiempo se acaba.

Aunque había sido diagnosticado de sífilis en 1822 y eso le causó una profunda depresión inicial, Schubert tuvo después unos años en los que la enfermedad permaneció bastante latente. Sin embargo, el retorno de la misma en el último tercio de 1827 y, muy probablemente, la intoxicación por exceso de mercurio en su tratamiento, precipitaron su final apenas un año después. Pese a los problemas de salud y de ánimo, e incluso, en los meses finales, la certeza del inminente final, la actividad de Schubert durante su último año y medio de vida fue de una intensidad extraordinaria. De su pluma salieron toda una serie de composiciones magistrales.

Sin ser exhaustivo, recordemos la Fantasía D. 940, el Quinteto D. 956, las tres últimas Sonatas para piano, las tres Piezas D. 946, la Sinfonía D. 944 o El Canto del Cisne D. 957. Pero además de la cantidad, llaman la atención la calidad y profundidad de las obras, la intensidad emotiva y los grandes contrastes de las mismas. En obras como la Fantasía D. 940 o la última de las Sonatas para piano, la tristeza y el drama se dan la mano con momentos de turbulenta rebeldía. En la D. 960 domina una serena melancolía en el primer movimiento, una desolada tristeza en el segundo, que sin embargo es brevemente interrumpido por un episodio dramático más movido, y sorprende la mezcla de cierta alegría con una rebelde tormenta en el último. Es como si Schubert, por momentos, recuperara un cierto aliento vital, un anhelo diferente en una música de más vitalidad y energía, pero sin perder un trasfondo intensamente dramático.

En estos últimos meses en los que la humanidad está siendo golpeada de manera terrible por un enemigo que se ha revelado tan peligroso como esquivo, hemos sentido dolor, sufrimiento, desconcierto, tristeza, incertidumbre, angustia, miedo… pero también hemos visto y sentido entrega, anhelo, esperanza, exaltación vital. Todo eso (y más) ha venido con la espantosa pesadilla de la pandemia. Y pensando en estos días sobre una música que tuviera un poco de todo eso pensé en una obra del último periodo, no de Schubert, sino de Beethoven, cuya efeméride, el famoso 250 aniversario de su nacimiento, ha sido también arrasada por el virus.

Y me vino a la cabeza una obra que, cuando estudié en su día, me sugirió un poco de todo ello: la Sonata nº 31 en la bemol mayor, Op. 110, penúltima de la colección. En su excelente, exquisitamente documentado y muy analítico, aunque para el que suscribe un punto frío, estudio sobre las Sonatas del gran sordo, Charles Rosen[1] comenta que, en sus últimos años, Beethoven había declarado que la composición para piano le resultaba demasiado limitativa. Sin embargo, tras la monumental Hammerklavier, afronta, entre 1820 y 1822, más proyectos pianísticos: las tres últimas sonatas para piano y las Variaciones Diabelli. Por si ello fuera poco, lo hace simultáneamente con la Novena Sinfonía y la Missa Solemnis.

No deja de ser curioso que, tan frenética actividad tenga lugar en un momento en que su organismo experimenta varios y serios problemas de salud. En 1996, Adam Kubba y Madeleine Young publicaban en The Lancet un interesantísimo artículo en el que repasaban la biografía médica de Beethoven[2]. En él, recogían los datos de la necropsia, que básicamente señalaban que el compositor murió tras un fallo hepático causado por una cirrosis (presumiblemente alcohólica, aunque eso no está confirmado). Padecía también una pancreatitis crónica (esta sí que de origen más que probablemente alcohólico). Kubba y Young comentan que, entre 1812 y 1820, su más que presumible enfermedad inflamatoria intestinal (esta no descrita en la necropsia) empeoró, al punto que el compositor declaraba que “había tenido que incrementar la ingesta de alcohol para mitigar el dolor”. En el año 1821, es decir, en pleno proceso creativo de las obras comentadas, aparecieron ictericia, dolor abdominal y vómitos, que estos autores identifican como los primeros síntomas de la enfermedad hepática que le mataría seis años después.

Jan Swafford[3] se refiere a ese año como uno del que quedan pocas huellas documentales en lo que a la vida del compositor se refiere. Tal vez, entre otras cosas, porque la salud no acompañaba. Pero el hecho es que seguía componiendo, y justamente en ese año escribe la Sonata Op. 110, y también el Sanctus y el Benedictus de la Missa Solemnis. En febrero de 1822 envió al editor las dos últimas sonatas para piano. Swafford se refiere a ellas diciendo que “la brecha entre su vida, penosa y cada vez más desalentadora, y su arte, cada vez más espiritual, alcanza su apogeo”. Más adelante, señala: “en las últimas sonatas, lo técnico y lo expresivo alcanzan juntos un punto final distinto de cualquier cosa anterior o posterior, llegando quizá al límite de lo que la música puede ser y hacer”.

Y, en efecto, todo eso se encuentra en la Op. 110, que de las tres últimas fue la más popular. Hay en ella un ambiente de intemporalidad, que tal vez tenga que ver con la cohesión que la preside, con un diseño casi narrativo, rapsódico, que nos lleva por buena parte de esas sensaciones antes descritas: dolor, sufrimiento, desconcierto, tristeza, incertidumbre, angustia, miedo… pero también anhelo, esperanza y exaltación vital. Rosen reconoce que la Op. 110 puede tener un programa detrás, pero defiende que averiguarlo no nos ayudaría a tocarla o escucharla. Alguno pensará que es una temeridad por mi parte discrepar de una autoridad como Rosen. Y tal vez lo sea, pero en lo que toca a esa afirmación, siento que no nos encontramos.

No sé si hay un programa o no. Pero sí creo que hay todo un recorrido, un tránsito, casi una narración. Y creo que recorrerlo ayuda en su aprehensión. Es más, creo que alguna indicación de Beethoven básicamente “sugiere” apuntes en esa dirección. El primer movimiento, es tranquilo, muy lírico. Ya la indicación Moderato cantábile molto espressivo sugiere esa calma, pero por si no fuera suficiente, Beethoven añade “con amabilitá”. Hay sin embargo algún guiño que se mueve entre la interrogación y el enigma, casi un punto de ambigüedad, como en el compás 77, un regreso casi súbito desde Mi mayor a la tonalidad principal que Rosen sí reconoce como misterioso. La música de este movimiento ha sido descrita como “expectante” por Jürgen Uhde y Renate Wieland. Y hay razón en ello, porque en realidad se crea una expectación para lo que vendrá después.

Y hay un primer rasgo de cohesión cuando, en sus dos compases iniciales, encontramos un motivo sencillo, justo donde se encuentra la mencionada indicación “con amabilitá”, que incluye parte de la secuencia (La-Re, Si-Mi) que constituirá el motivo fundamental de la fuga final, un juego de anticipación temática que Beethoven ofrece en otras obras postreras, como la Novena Sinfonía. El movimiento termina justamente expectante, de manera que los tres silencios que lo cierran solo aguardan el inmediato Allegro molto.

Este juega el papel de scherzo, con un humor enérgico, contrastes abruptos muy “marca de la casa”, alusión a dos canciones populares en la sección principal y abundancia de contrastes sincopados en la central, a modo de trio. Beethoven juega en el trío con un reparto desfasado de los acentos, un juego de ambigüedad rítmica que mantiene también en los últimos compases de la coda. Y tras el humor, asoma lo que Rosen denomina acertadamente “una escena operística”.

En ella recuperamos otro rasgo que aparece igualmente en la Novena sinfonía: el recitativo. Los tres primeros compases del Adagio ma non troppo no son sino una introducción enigmática a ese recitativo en el que, en apenas dos compases, Beethoven prescribe più adagio, andante-cresc, Adagio, ritardando, sempre tenuto, tutte le corde, ritardando, cantabile-una corda… un torrente de instrucciones para una música que en unos segundos transita desde la angustia al dolor profundo del arioso dolente. Música desgarrada y estremecedora, que se adentra en un dolor profundo, sobrecogedor. Uno casi adivina que aquello va a terminar allí, desvanecido. Pero queda finalmente en suspenso para un tímido, casi temeroso comienzo de la fuga, marcada Allegro ma non troppo, con el retorno de esa célula inicial del primer movimiento (La-Re, Si-Mi) antes citada.

Fuga que se mantiene majestuosa, pero crece en intensidad, hasta que, de forma casi repentina, se desvanece para permitir el retorno del arioso dolente. Beethoven indica aquí el mismo tempo del arioso, pero resalta luego “perdendo le forze, dolente”, otro rasgo más de esa narración, como si nos dijera, la energía desplegada al final de la fuga era engañosa, en realidad no hay tal, hay una vuelta al dolor. Y en efecto, lo hay. Pero también, yo al menos, veo ahí otro guiño. Compás y tempo se mantienen (12/16, Adagio ma non troppo), pero el empleo de figuras más breves en algunos pasajes de la mano derecha parece dotar a ese retorno doloroso de una mezcla de misterio con cierto anhelo de resistencia, tal vez alguna aspiración de ansiada vitalidad.

El final de este pasaje, con unos acordes pesados en el registro grave del instrumento, que empiezan casi susurrados y terminan en un forte que es casi un grito desesperado, es igualmente sobrecogedor, porque en apenas cinco compases, Beethoven nos lleva desde el dolor a la rabia creciente, luego un momento de calma, que rápidamente se vuelve expectación, para dar paso al retorno de la fuga. Este retorno es colosal por muchas razones.

Utiliza de entrada un recurso muy clásico del contrapunto, la inversión del tema, que suena ahora descendente (Re-La, Do-Sol), y más tarde otros, disminución y aumentación. Pero lo sublime, el punto culminante que al fin indica la dirección es, tras indicar que el tempo debe ser el mismo que el de la fuga inicial, resaltar el cambio de carácter: Poi a poi di nuovo vivente, poco a poco de nuevo viviente. Y en efecto, Beethoven hace crecer la fuga poco a poco, en intensidad, en energía, en urgencia vital. Hay en este ascenso final casi una ansiedad que grita, con una mezcla de exaltación y súplica desesperada, que quiere vivir, hasta que la sonata termina con una sucesión de arpegios que ascienden decididos hacia un acorde rotundo final, afirmativo, un “he vuelto a la vida” que no deja lugar a dudas.

No sé si Beethoven tenía un programa o no. Para mí, esta Sonata es un recorrido de vida, de sentimientos, pensamientos y sensaciones, una música tan intemporal como fluida en una narración fascinante, trascendente y emocionante. Como tal, resulta quizá muy apropiado escucharla y reflexionarla en tiempos como estos.

La lista de interpretaciones estupendas de esta sonata es larga. Y obviamente elegir una u otra es algo muy personal. Les dejo aquí enlaces a algunas (hay por supuesto muchas más) estupendas, pero les recomiendo muy especialmente las de Grigory Sokolov (solo audio) y Sviatoslav Richter (video de 1991).

Para quienes no tengan partitura a mano, pero quieran identificar los momentos concretos de la obra que menciono en el artículo, dejo también enlaces específicos para dichos momentos, en este caso pertenecientes a la versión de Sokolov.

Grigory Sokolov (No he podido confirmar fecha, probablemente Tokio, 1973)

  1. Moderato cantabile molto espressivo:

        Comienzo: https://www.youtube.com/watch?v=VQE1FP7m55M

        Compás 77: https://youtu.be/VQE1FP7m55M?t=262

      2. Allegro molto:

         Comienzo: https://youtu.be/VQE1FP7m55M?t=415

         Trio: https://youtu.be/VQE1FP7m55M?t=464

      3. Adagio ma non troppo – Recitativo, più adagio-andante-adagio – Adagio ma non troppo, Arioso dolente      – Fuga, allegro ma non troppo – L’istesso tempo di Arioso – L’stesso tempo della fuga, poi a poi di nuovo vivente

      Comienzo: https://youtu.be/VQE1FP7m55M?t=558

      Recitativo: https://youtu.be/VQE1FP7m55M?t=603

      Arioso dolente: https://youtu.be/VQE1FP7m55M?t=678

      Fuga I: https://youtu.be/VQE1FP7m55M?t=825

      L’istesso tempo di arioso: https://youtu.be/VQE1FP7m55M?t=978

      L’istesso tempo della fuga: https://youtu.be/VQE1FP7m55M?t=1164

Otras versiones:

Sviatoslav Richter, 1991: https://www.youtube.com/watch?v=u5O1lzZZ_0M

Sviatoslav Richter, 1993 (audio con partitura): https://www.youtube.com/watch?v=BC1iqfzOA20

Myra Hess, 1953: https://www.youtube.com/watch?v=wx8QvIzsyew

Daniel Barenboim, 2005: https://www.youtube.com/watch?v=DbnM-1MQSGw

Daniel Barenboim, 1983-4: https://www.youtube.com/watch?v=Xv-uEXy1UDM

Emil Gilels, 1985: https://www.youtube.com/watch?v=k7hiNR4wxUs

Annie Fischer, 1978: https://www.youtube.com/watch?v=7oxGVyPXzc0

 

En otro orden de cosas, les dejo aquí los enlaces para descargar gratuitamente los números de Scherzo de abril y mayo, así como las últimas bitácoras que he publicado en Scherzo, y el “Quédate en casa” al que mi estimada Ruth Prieto me abrió la puerta en su web “El compositor habla”.

Scherzo abril: https://scherzo.es/hemeroteca/abril-2020/

Scherzo mayo:  https://scherzo.es/hemeroteca/mayo-2020/

Beethoven habría dicho, así no: https://scherzo.es/blog/beethoven-habria-dicho-asi-no/

Cuando muere el silencio, cuando nace el silencio: https://scherzo.es/blog/cuando-muere-el-silencio-cuando-nace-el-silencio/

Todo es un regalo: https://scherzo.es/todo-es-un-regalo/

Quédate en casa – Rafael Ortega, en “El compositor habla”: https://www.elcompositorhabla.com/es/noticias.zhtm?corp=elcompositorhabla&arg_id=2163&arg_pagina=0

[1] Charles Rosen: Las Sonatas para piano de Beethoven. Alianza música, 2005.

[2] Kubba, A.K.; Young M.: Ludwig van Beethoven: A medical biography. Lancet Volume 347, Issue 8995, 167-70, January 20, 1996.

[3] Jan Swafford: Beethoven. Acantilado, 2017.

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3 thoughts on “Poco a poco de nuevo viviente

  1. Gracias por el artículo,magnífico como siempre Rafa,… y por esa pequeña entrevista dentro de «Quédate en casa». Un abrazo y ánimo!, Miriam

  2. Lo dicho. Los virus RNA ( y los DNA, y el cantante de alguna muda, que no vienen al actual caso) no tienen sensibildad musical, o r3al que es lo mismo: empatia y realidad. Oyendo a Corea, esta vez con Hancok. Thanks por tus enseñanzAs, empatia y amistad.

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