Rafael Ortega Basagoiti

7 DE MAYO, ESTRENO DE BEETHOVEN Y LA RELACIÓN BRAHMS-CHAIKOWSKI

A veces, las fechas proporcionan curiosas coincidencias, también en la música. Si 1685 nos trajo la feliz de los nacimientos de Handel, Bach y Scarlatti, tal día como hoy, un 7 de mayo, pero en 1824, se estrenaba la Novena de Beethoven en el Theater am Kärntnertor de Viena. Ese mismo día, nueve años después (1833), nacía en Hamburgo Johannes Brahms. Y siete años más tarde que Brahms, pero también un 7 de mayo (1840), hacía lo propio en la ciudad rusa de Vótkinsk Piotr Ilich Chaikowski. Como es sabido, el alemán sobrevivió cuatro años al ruso, que, según todos los indicios, se suicidó en 1893 incapaz de gestionar la presión que sentía por su condición homosexual.

Se ha dicho y contado de todo sobre la peculiar “relación” de Brahms y Chaikowski. Hay algunas cosas no documentadas, como que el de Hamburgo se durmió durante un ensayo de la Quinta Sinfonía del ruso. Otras sí lo están, como las anotaciones de Chaikowski en su diario, del tenor de “¡menudo bastardo sin talento!” o “me enfurece ver que ese engreído mediocre sea considerado un genio”. El temperamental Chaikowski no era muy germanófilo, y detestaba también a Wagner.

En una carta a su mecenas, Nadezhda von Meck, Chaikowski llegó a escribir, en referencia al Concierto para violín de Brahms, que “hay mucha preparación, ramalazos que parecen anunciar algo hermoso que va a llegar… pero que finalmente no llega. Es como un gran pedestal que fuera la base de una columna espléndida… pero la columna no está, y tras el pedestal solo hay… otro pedestal”. Chaikowski no estuvo solo en atacar el concierto. Nuestro querido Sarasate decía que era un concierto contra el violín y que la única melodía interesante la tenía el oboe al principio del segundo movimiento. Servidor no puede evitar expresar su profundo desacuerdo con el navarro.

Pero como la vida en ocasiones genera situaciones divertidas, los dos compositores se conocieron al fin en persona. En 1888, Chaikowski se encontraba en Alemania como parte de una gira de tres meses por Europa. El día de año nuevo, en Leipzig, coincidió con su compatriota Adolph Brodsky, que había estrenado su Concierto para violín. El violinista invitó a ambos compositores a cenar. Cuando llegó, Chaikowski encontró a Brodsky ensayando el Trio op. 100 del compositor alemán con el propio Brahms al piano.

Tras el ensayo, cenaron y bebieron (bastante) juntos. Chaikowski dejó una elogiosa descripción del carácter y personalidad de Brahms en su diario… pero pese a alcanzar una cordial relación personal con él, fue incapaz de digerir su música. Brahms, aparentemente, volvió a encontrarse con Chaikowski dos años después, en Hamburgo, cuando el ruso se encontraba allí para dirigir su Quinta Sinfonía. Parece que ambos gozaron de la mutua compañía y se divirtieron juntos, pero también se sinceraron respecto a la música del otro. A ninguno de los dos le gustaba lo que el otro componía.

No consta que Brahms, cuya lengua viperina era famosa, la empleara contra Chaikowski, porque de lo contrario Dios sabe cómo hubiera terminado aquello. Cabe recordar dos anécdotas sobre la mala baba del de Hamburgo. La primera la relaté recientemente en otro artículo, y se refiere a la nota enviada a un crítico que le había castigado con una crítica negativa: “Estoy en el cuartito más pequeño de la casa y tengo su crítica delante de mí. Dentro de poco la tendré detrás.” La otra no es menos ácida. Se cuenta que, en cierta ocasión, tras asistir al ensayo de uno de sus cuartetos de cuerda, dijo al viola: “Me gustaron los tempi, especialmente los suyos”. Fino dardo para señalar al pobre músico que no iba con sus compañeros.

El gran director ruso Semyon Bychkov relató a quien esto firma que Chaikowski llegó a decir que Brahms era un gran tipo, y que no se podía explicar cómo un tipo así escribía una música tan infame. Por su parte, Brahms confesó a su colega que su Quinta Sinfonía no le merecía el menor aprecio. Nacidos el mismo día, unidos en una relación cordial, pero incapaces de degustar la música del otro. Curiosa situación. Quizá todo obedeciera a una afirmación que leí hace años, de mano de un crítico británico, aunque no recuerdo dónde: “La música de Chaikowski suena mejor de lo que es; la de Brahms es mejor de cómo suena”.

Por fortuna, nosotros no estamos hoy en esa disyuntiva y podemos, tranquilamente, disfrutar con plenitud del genio de ambos.

Les dejo aquí los dos Conciertos para violín, de Brahms y Chaikowski, para que disfruten y contrasten. El solista es el mismo, para que el contraste esté más equilibrado. Disfruten

Brahms: Concierto para violín y orquesta – Leonidas Kavakos/DRSO/ Fabio Luisi – https://youtu.be/FReVlVt0IaA

Chaikowski: Concierto para violín y orquesta – Leonidas Kavakos/Orq. Concertgebouw/Karel Mark Chichon https://youtu.be/PbPEZ3D87Lw

 

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