Rafael Ortega Basagoiti

Aprenda la lección

No es mi costumbre lanzar desde este blog críticas contra otros medios, porque ni me gusta ni me interesa. Como sabe bien algún colega que tiene blog en el campo, no me duelen prendas en citar y elogiar el trabajo ajeno cuando es bueno, y me alegro del nacimiento de cualquier plataforma que, desde la seriedad y el rigor, ofrezca a los aficionados posibilidades de conocer más música y disfrutar más de ella. Como saben bien quienes siguen regularmente este blog, cuando hago reseñas (fundamentalmente operísticas) suelo incluir las de muchos otros medios digitales (incluido el que ahora mismo será objeto de la crítica) con el fin de hacerle la vida más fácil al lector y que pueda contrastar mi punto de vista con los de otros, porque estar convencido de lo que pienso no es sinónimo de creerme en posesión de la verdad.

Hago este preámbulo porque hoy voy a saltarme esa costumbre de no hacer críticas de otros medios. Y lo voy a hacer por varias buenas razones, pero sobre todo porque hay algunas líneas rojas ante cuyo traspaso no puedo permanecer mudo: la difamación de profesionales y la protección de las personas en una grave coyuntura de salud pública. Me explicaré.

Entre los antecedentes, aunque no relacionados con el tema que motiva este escrito, deben saber que el Sr. Gonzalo Alonso, desde la tribuna de Beckmesser.com y desde su espejo en La Razón (aunque aquí, a menudo, con cambios que supongo no serían de recibo respecto al contenido de su propia web) viene desde hace tiempo haciendo gala de una singular capacidad para saltarse a la torera las más elementales normas de la ética periodística. No le basta al Sr. Alonso reproducir material (por ejemplo, entrevistas) realizado por otros poniendo simplemente un “lea la entrevista original aquí”, pero sin decir siquiera que no es él el que la hace ni citar, en su pieza, quien es la fuente original. Vean un ejemplo reciente aquí: https://www.beckmesser.com/pappano-discutimos-reapertura/.

No le parece tampoco suficiente, en su pertinaz empeño por conseguir una fusión de las revistas musicales (empeño sobre el que el resto de sus colegas parecen expresar un entusiasmo perfectamente descriptible), dedicarse al ataque de determinados directores o medios, con especial querencia por Scherzo y su actual director. En tal empeño, no duda en recurrir a menciones de comadreo sobre las malas relaciones de los dueños de Scherzo o de lo preocupado que está su director por conservar su nómina, por no hablar de su versión orate, según la cual las revistas en papel están llamadas a desaparecer. (https://www.beckmesser.com/el-fin-de-las-revistas-musicales-en-papel/)

En su estado de creciente agitación, llega incluso a proporcionar titulares que me temo motivarían un suspenso en la facultad universitaria del ramo, como ocurrió recientemente cuando anunciaba con pompa “El Teatro Real y las revistas musicales inician una campaña para atraer donaciones”. Lo que venía a continuación del titular era incluso peor: “La iniciativa tratará de paliar la difícil situación generada por el cierre del Teatro tras el comienzo del estado de alarma del pasado 13 de marzo. Todas las donaciones podrán beneficiarse de un 80% de desgravación fiscal. En cambio, las revistas musicales no cuentan con dicha desgravación”. Y lo que viene al final es la traca: “Algunas revistas musicales con presencia en internet, Beckmesser incluida, han decidido también a acudir a la petición de donativos”. Acabáramos. O sea que lo que empezó siendo “las revistas” pasó luego a se “algunas”, entre las cuales, naturalmente, figuraba la suya. No tengo nada contra quienes solicitan donaciones, todo lo contrario. Pero convendrán conmigo que el titular, a la vista del contenido posterior, resulta poco serio (https://www.beckmesser.com/teatro-real-inicia-camapana-donaciones-fundacion/).

Sin embargo, pese al cansancio y hastío que genera toda la basura anterior, siempre por duplicado, quien esto firma hasta ahora había pasado olímpicamente del Sr. Alonso y de lo que escribía. Francamente, tenía mejores cosas en que ocupar mi tiempo. Pero ayer, el Sr. Alonso, en su inevitable duplicidad, llegó al colmo del estercolero periodístico, generando una pieza en la que mezcla desconocimiento olímpico de varias materias con insinuaciones que, como mínimo, bien pueden considerarse maledicentes, y probablemente incluso difamatorias, contra todo un colectivo de profesionales, para rematar la cuestión, prescindiendo de la responsabilidad que, en una situación como esta, debe presidir toda actuación de alguien que escribe desde un medio de comunicación, calificando de estupideces las medidas que se están tomando para proteger a los profesionales y público de los espectáculos musicales y estimulando una suerte de “rebelión” contra las mismas. Me explicaré.

El Sr. Alonso publicó ayer, por duplicado, una pieza titulada La nueva “anormalidad” musical, en el diario La Razón (https://www.larazon.es/cultura/20200525/hbnggdzvovhlbgbmhp3sh3h4lm.html) y en su propia web (https://www.beckmesser.com/la-nueva-anormalidad-musical-esto-no-es/?fbclid=IwAR0cA_Dzr8LP7h3IWDajyjSFNhUN4wbGN60HXMbx4oI1JcfXKSCFCXLOqfU). El panfleto no puede empezar peor: un twit de la soprano Sonia Yoncheva en el que se rasgaba las vestiduras en relación con el aspecto, ciertamente desolador, del Hessischer Staadttheater de Wiesbaden, en su reciente reapertura, con aforo reducido, para una velada de lieder, diciendo que, “si no hay ningún riesgo de contaminación, debía permitirse el retorno de la actividad cultural” como si aquí no pasara nada, y poniendo como referencia la imagen de un avión abarrotado.

Más adelante, reconocía el Sr. Alonso que, con las medidas de protección (distancia, etc) recomendadas, era difícil imaginar una orquesta sinfónica “de más de 100 atriles”. Introducía el Sr. Alonso en este punto un hábil (ignorante e insensato sin duda es, pero también hábil en hacer la pelota a quien le interesa) guiño al Festival de Granada, buscando sin duda el eco a su reivindicación de quien ahora lo dirige. Eco que, creo que desafortunadamente, obtuvo.

El irresponsable e ignorante Sr. Alonso, se ponía entonces a la cabeza de una “rebelión” y citaba, qué boda sin la tía Juana, a la soprano rusa Anna Netrebko, que días atrás había proclamado, en un alarde de osada ignorancia, “que las medidas son una estupidez” y que “deben desaparecer las medidas y quienes las recomendaron”. No contento con eso, remata con esta sentencia: “Con lo fácil que sería que una orquesta, como se ha hecho en el futbol, hiciese un test semanal a sus miembros. Los que lo pasaran podrían trabajar con normalidad, sin tanta medida restrictiva. Eso sirve perfectamente para agrupaciones como la OCNE, RTVE, OSM, etc. pero se está muy bien cobrando, sin conciertos y sin ensayos. Ya escucharemos cómo tocan después de meses sin dar un palo al agua.” Y antes de esta perla, reta “Que me lo expliquen”.

Pues muy bien Sr. Alonso, descuide que yo se lo explico. Es más, le explicaré también de paso algunas otras cosas que, aunque no reconoce, tampoco tiene claras. Como decía Jack el destripador, por partes.

  • Se encuentra usted confundido ante el aluvión de informaciones confusas y contradictorias. No es de extrañar, ni es usted el único. Sin embargo, que existan informaciones confusas y contradictorias no es pretexto para emprender veloz carrera por la calle de en medio y encaminarse directos a consumar un disparate que puede tener consecuencias muy desgraciadas. Mire Sr. Alonso. Además de músico aficionado, quien esto escribe se ha ganado la vida durante más de treinta años en el mundo de la investigación médica. De manera que sobre la materia que ahora nos trae de cabeza, algo, quizá tan solo un poco más que usted, se. Y si algo he aprendido en todos estos años de investigación es que ciencia y prudencia deben ir de la mano. Le aconsejo que lea una larga pieza que escribí para este blog hace ya unos días (https://www.enfumayor.com/2020/05/17/hacia-una-prudente-andadura/), en la que repasaba interrogantes, informaciones, datos contrastados y otros que no lo eran, dudas, necesidades y llamadas a la sensatez, precisamente por lo de la ciencia y la prudencia. Quizá debería también leer esta otra pieza posterior (https://scherzo.es/netrebko-y-las-medidas-estupidas-de-proteccion/), y tal vez entonces entienda por qué dije, y sostengo, que lo de Netrebko, y lo de Yoncheva… y lo de usted, es una demostración palmaria de irresponsable insensatez. Y eso, Sr. Alonso, no es una opinión. Es un diagnóstico.

 

  • Mire, Beckmesser. La humanidad se enfrenta a una pandemia sin precedentes en bastantes décadas. Nos ha pillado (nuestra culpa como humanidad y culpa añadida de muchos gobernantes -aunque no todos- que han ignorado con culpable negligencia las repetidas llamadas de atención sobre su gravedad). No sé si usted ha conocido de cerca sus consecuencias. A juzgar con la ligereza con la que opina, supongo que no. Yo, por desgracia, sí, aunque le ahorraré los detalles. Y, como verá, si se toma la molestia de leer e informarse antes de escribir insensatas tonterías, el virus no solo es peligroso. Es, además, desconocido para nosotros. Ahora mismo aún quedan muchos interrogantes por resolver. Desde qué secuelas produce a las formas de manifestarse (aún siguen añadiéndose nuevos síntomas a la lista) pasando por más detalles en cuanto a su mecanismo de transmisión y, por supuesto a la duración o permanencia de las mencionadas secuelas, que apenas están empezando a dar la cara. ¿Sabe cuál es uno de los mayores interrogantes que tenemos? La inmunidad. Aún sabemos muy poco de ella, incluyendo, nada menos, que conocer cuánto dura y cuánto protege. Total, casi nada.

 

  • Cuando uno se enfrenta a una situación como esta, debe tomar las medidas de precaución que eviten la expansión de la pandemia y la mortalidad que conlleva. Es de sentido común, sí, de ese sentido común que usted demanda pero que no demuestra, que dichas medidas se puedan relajar solo en una o más de estas circunstancias:

 

    1. Que haya una vacuna (o más) eficaz y segura disponible
    2. Que se descubra uno o más tratamientos que banalicen el curso de la enfermedad y consiga reducir el porcentaje de hospitalizaciones (que llega ahora al 20-30% de los casos, ¿sabe usted lo que eso supone?) y la mortalidad, que se dispara por encima de los 60 años y muy especialmente por encima de los 70.
    3. Que se descubra que, con el tiempo, el virus mute a una versión menos letal, en cuyo caso podríamos enfrentarnos a un escenario parecido al descrito en el punto 2.

 

  • Simultáneamente, es menester generar, lo antes posible, evidencia sólida sobre los mecanismos de transmisión del virus, especialmente en ambientes cerrados. Y mientras no se genere esa evidencia sólida, que permita elaborar protocolos de recomendaciones de seguridad con verdadero fundamento, y no ocurrencias más o menos exóticas basadas en experimentos de salón, debe primar la prudencia, si no queremos estar abocados a otro episodio de horror como el que hemos vivido en los últimos meses.

 

  • Se sorprende usted con razón, Sr. Alonso, del disparate de los aviones. Cierto que estos artilugios disponen de filtros de alta capacidad de retención de partículas y que el aire se renueva cada 2-3 minutos, pero personalmente, y a falta de una demostración concluyente (evidencia sólida, Sr. Alonso) de que dichos filtros y renovación son suficientes pese a no respetarse la distancia de seguridad, no me inspiran demasiada confianza. Se sorprende también, igual que yo y otros muchos, de lo que parece un disparate: los deportes de contacto. Como decía en el artículo de Scherzo que cité antes, perpetrar un disparate seguido de otro solo suma o (tratándose de virus) igual multiplica disparates, y no creo que ese sea el mejor camino.

 

  • Y en medio de esta sorpresa, usted, y algunos otros, quieren hacernos creer que las pruebas (los famosos tests, pero yo utilizaré el castellano si no le importa) son la panacea. Una prueba a la semana y todos contentos. Pues no, Sr. Alonso. Y no por unas cuantas y buenas razones. Imaginemos una orquesta sinfónica cuyos componentes se hacen una prueba diagnóstica por la famosa PCR (reacción en cadena de la polimerasa, ya que estamos explicando cosas). ¿Sabe qué valor tiene esa prueba y cuánto dura ese valor? El valor que tiene es el de afirmar o descartar, con un margen razonable (que no absoluto) de certeza, que el individuo tiene o no la enfermedad en el momento de hacer la prueba. Y si me pongo fino, hasta le podría decir que algunos casos que hayan pasado la enfermedad pueden aparecer como falsos positivos porque se detectan partículas del RNA del virus que sin embargo ya no está activo. Si ese individuo cuya PCR ha sido negativa va, cinco minutos tras la prueba, a hacer la compra y por casualidad tiene contacto con un contagiado asintomático (y hay muchos de estos), ¿sabe qué valor tiene la prueba negativa realizada cinco minutos antes? Yo se lo diré Sr. Alonso, que veo que no anda despierto de reflejos hoy: cero. CERO patatero, Sr. Alonso. Así que eso de que “realizada la prueba se pueden poner a trabajar sin tanta restricción” vale… para el ensayo de la mañana. No, para el de la tarde no. Y para el de mañana tampoco. Solo para el de esa mañana. Así que eso que usted afirma es un (otro, en realidad) disparate.

 

  • Luego están las pruebas serológicas, estimado Beckmesser de mis entretelas. Para darle una explicación sencilla, le diré que esas pruebas detectan la presencia de anticuerpos contra el virus. En qué medida confirman que el sujeto está debidamente protegido o no, es aún materia de debate (anticuerpos neutralizantes o no, cuánto duran, etc., pero no le voy a cansar que queda tela que cortar), pero asumamos, como es probablemente el caso, que en efecto las personas que muestren niveles de anticuerpos en esta prueba están protegidas.

 

  • Pero hay que ser realistas. Según los datos que tenemos, el porcentaje de personas con anticuerpos no parece ser, en nuestro país, superior al 5-6%, quizá en algunas regiones (Madrid) hasta el 11%. Si quiere ponemos a trabajar a ese 11% y el resto a su casa, a esperar que el virus les pille o la vacuna llegue. No parece algo muy útil ¿no? Igual se encuentra usted a toda la sección de contrabajos trabajando sola.

 

  • Pero lo que es una barbaridad, una irresponsable insensatez, es azuzar al público a sumarse, sin más argumentos que los del avión abarrotado (disparate 1) o los del futbol (disparate 2), a un “café para todos y viva Cartagena”, aquí se trata de seguir como si el virus no hubiera matado a nadie porque las medidas estas no sirven para nada, ya lo dijo esa reconocida autoridad científica que es la Sra. Netrebko, secundada por otra luminaria de la virología que es la Sra. Yoncheva.

 

  • No contento con la irresponsable insensatez, insinúa usted, con la peor de las intenciones, que los músicos de esas orquestas que usted cita (y supongo que los de algunas otras que deja en el tintero) son unos vagos de tomo y lomo, se están tocando el abdomen (la barriga, para que lo entienda) por coordenadas (es decir, en vertical y en horizontal) mientras viven tan contentos cobrando sin hacer nada. Y de paso, prepara el aguijón para cuando vuelvan, con un “ya escucharemos cómo tocan después de meses sin dar un palo al agua”. ¿Sabe qué le digo, Sr. Beckmesser?, que se merecería usted que alguna de las asociaciones de músicos que hay le plante alguna demanda por insinuar que, además de no ensayar ni tocar en público porque no pueden, los músicos han arrinconado sus instrumentos y están tocándose el abdomen por coordenadas. Porque eso, en castellano, tiene un nombre: difamar, que, por si lo ha olvidado, como ha olvidado tantas cosas, significa “decir en público o escribir cosas negativas en contra del buen nombre, la fama y el honor de una persona; en especial cuando lo dicho o escrito es falso”. Como no creo que pueda usted demostrar que es cierto… ya me dirá donde queda su afirmación.

 

  • Mire, dilecto Beckmesser, su ignorancia respecto a la magnitud de lo que nos asola puede hasta ser disculpable, porque es evidente que no tiene usted formación científica. Quien no tiene formación científica, en un caso como este, suele dejarse guiar por quienes si la tienen. Usted, en cambio, ha decidido otorgarles la categoría de reconocida y fiable fuente de información científica a la Sra. Netrebko y a la Sra. Yoncheva, a quienes, aparte de furibundas afirmaciones, no he leído argumento creíble alguno más allá del del aeronáutico disparate. Tomar esas fuentes como recomendación fiable en una enfermedad infectocontagiosa es probablemente tan recomendable como pedirle a Sergio Ramos que actúe como referente mundial en física nuclear. Está usted al borde del precipicio, Beckmesser. Solo le falta dar un pequeño paso al frente.

 

  • Pero si su ignorancia en cuanto a la pandemia puede ser disculpable y su descanso en sopranos en lugar de médicos y científicos es, cuando menos, sorprendente, su desconocimiento de cómo es el trabajo de los músicos de una orquesta sinfónica, de cuáles son las razones por las que, al menos una gran mayoría, está en esa profesión, de cuántas horas de estudio echan para que usted y todos nosotros disfrutemos, y, tome nota, de cuántas ganas tienen de volver a trabajar, es, sencillamente, inaceptable. Inaceptable en alguien que se dedica a la noble (o eso creo yo, aunque igual usted cree otra cosa) tarea de la crítica musical. Acaba usted de arrastrar por el suelo el prestigio de esta tarea con su ignorancia y con su gratuita, incierta, innecesaria, irrespetuosa y más que presuntamente difamatoria afirmación. Y no seré yo quien pase por alto tal cosa. La música, quienes la hacen y quienes escribimos sobre ella, merecen mucho más respeto y rigor que el que usted ha demostrado en esa pieza.

 

Así que, “maestro” Beckmesser, espero haberme explicado con claridad suficiente. Ha alcanzado, en ese demencial escrito de ayer, la quintaesencia del estiércol. Y ha logrado una cosa: que de un plumazo ponga algunos puntos sobre íes ante la continua antología de despropósitos que, con este y otros motivos, vienen saliendo de su revista.

Es usted responsable de azuzar al público contra quienes solo quieren evitar más muertes y proteger al público y a los profesionales. Ha insultado usted, sin razón y de manera tan cobarde como especulativa y falta de argumentos, a todo un colectivo de profesionales. Lo ha hecho ignorando las más elementales reglas de la ética, de la prudencia y, por supuesto, de la ciencia, porque esa, directamente, se le escapa. Y ha carecido usted del sentido común que demanda para escuchar a quienes saben, prefiriendo a quienes, en este caso, más que de cantantes, han ejercido de cantamañanas. Usted se ha unido a su coro, Beckmesser. Y, en efecto, su canción esta vez le ha salido redonda. Una basura propia de un cantamañanas. Por cierto, esto tampoco es una opinión. Es otro diagnóstico. Por su propio bien, espero que recupere, si alguna vez la tuvo, la sensatez y aprenda la lección sin que sea este peligroso virus el que se la enseñe. Aunque si se comporta usted con la ligereza que postula, como si no pasara nada, igual va y sí se la enseña. Yo que usted no tentaría a la suerte. Pero vamos, usted mismo.

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29 thoughts on “Aprenda la lección

  1. Estoy perpleja y tengo que volver a leerlo, pero espectacular tu comentario. Es terrible lo que hace este hombre, al que reconozco no haber leído ni tener el gusto de conocer y su onda Putin/Trump en lo del virus. Enhorabuena.

  2. Encima los músicos de la OSM estamos en ERTE una poca verguenza el artículo de este sr…llamado Gonzalo Alonso.

    Gracias por decirle y darle un Toque de atención! Y espero que pida perdón por semejante artículo!

  3. Se puede decir más alto, pero no más claro. Cantamañanas me parece un epíteto demasiado amable para semejante cateto.
    Muchas gracias por la respuesta. Soy miembro de la OBC(Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya)

  4. Estupendo y clarificador artículo. Penoso y lamentable el de «La nueva anormalidad musical» del Sr. Gonzalo Alonso.
    A parte de todos los puntos que usted deja claro en el presente artículo, si el Sr. Alonso piensa que los instrumentistas están felices por no poder tocar y que están en sus casas rascándose la barriga en lugar de practicar intentando mantener el tono para su regreso, sus comentarios, artículos y críticas son muy poco de fiar ya que, como ha quedado demostrado, desconoce absolutamente a los músicos. Además esta desinformado ya que tendría que saber que tanto la OSM, que nombra directamente, como la del Vallés se encuentran en un ERTE.

  5. No creo que sea necesario escribir una palabra más sobre este indignante asunto, por dos razones. La primera, porque ya está todo dicho en este impecable texto; la segunda, porque conseguiríamos investir a este sujeto de una notoriedad que, en realidad, ni tiene ni merece. En el mundo de la música hay muchos ceros a la izquierda y, por desgracia para la propia música y quienes la respetamos, algunos tienen una tribuna desde la que «verborrear». Cualquier persona con criterio sabe elegir de qué fuente beber. Yo, desde luego, en la de este individuo no. Prefiero morir de sed.

    1. Como de costumbre en ti, sabias palabras Álvaro. Pero en esta ocasión me pareció que la insensata ofensa merecía el oportuno repaso. Me he resistido a hacerlo pero esa insensata ofensa traspasó demasiadas líneas rojas

  6. Muchas gracias Rafael, muchas veces se dejan pasar estos asuntos pero para mí, persona aludida, ha sido una grave ofensa.
    Cómo miembro de la OSM , estamos deseando volver cuánto antes y por supuesto preparándonos para ello.
    Nuestro trabajo, afortunadamente, es una pasión para la que nos preparamos desde pequeños dedicando muchas ,muchas horas. Es una suerte ser músico y por eso no estamos sin dar palo al agua, porque lo que nos gusta es tocar y es lo que hacemos desde que tenemos 8 años.
    No ha podido ser más desafortunado ese artículo, pero no ha podido tener mejor respuesta.
    Gracias otra vez.

  7. Desde dentro de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (Comité de empresa y Comisión Artística), muchas gracias, Rafael, por tu artículo cargado de sensatez y respeto por nuestro colectivo.

  8. Muchas gracias, Rafael Ortega. Este señor, por llamarlo de algún modo, tiene la mala costumbre de disparar a diestro y siniestro, sin importarle cómo y a quién dispara, normalmente hacia los más débiles. Como músico de la OSRTVE puedo dejar constancia de que en los largos dos meses y medio que llevamos sin poder dar un concierto, no hemos dejado de trabajar y de reinventarnos para seguir presentes, desde casa, sin medios técnicos ni ayuda de nadie, lo mismo que han hecho los músicos de todas las orquestas españolas. Una vergüenza tener que aguantar calumnias e insidias constantes. Como bien dices, ha transpasado todas las lineas rojas y se marecía una respuesta impecable como la que has escrito. De nuevo, muchas gracias.

    1. Por supuesto M José..es evidente el trabajo que cada músico hemos hecho y hacemos en nuestra parcela,unos consiguiendo hacer llegar la música a todos los hogares en momentos tan terribles y otros en la docencia y en cualquiera de los casos estamos al pie del cañon y nos hemos convertido en informáticos,psicólogos,amigos y con los pocos medios de los que todos disponemos lo hemos hecho lo mejor posible.Somos músicos y ese arte nos lleva al compromiso del alma..Lola

  9. Fantástica respuesta al desafortunado artículo (por decir algo) del Sr Gonzalo Alonso. Hay un refrán que le va al pelo. “Piensa el ladrón que todos son de su condición” En nombre del profesorado de la Orquesta de Valencia, como delegada del Comité de Empresa y en nombre del mismo, te agradecemos tu defensa.

  10. BRAVO
    La próxima vez que venga al Auditorio Nacional, por favor, identifíquese y seré yo, desde la bancada del Coro, la que le aplauda a Usted puesta en pie.
    MUCHAS GRACIAS por escribir lo que ayer pensé al leer el artículo de la Razón.

  11. Escritura dictada por la mala fé y la más arrogante ignorancia. «Señor Alonso» ( llamando así a semejante individuo, por simple formalismo). Sus psuedos escritos son de una toxicidad imperdonable, además demuestran que usted es un ignorante cargado de malas prácticas. Déjeme decirle que su mala fé es superada por su torpeza.

  12. Apreciado Rafael Ortega Basagoiti:
    Desde la Asociación de Músicos Profesionales de Orquestas Sinfónicas, AMPOS, queremos agradecerle enormemente su certera y bien argumentada respuesta a la publicación de un infeliz, y su defensa de los profesionales de la música.
    En cualquier caso, no nos planteamos presentar demanda alguna: nosotros los músicos sólo prestamos atención a cosas serias, no a los exabruptos sin pies ni cabeza que pueda soltar cualquier ignorante.
    Muchas gracias. Un cordial saludo.

    J. Valentín Centenero
    Presidente AMPOS

  13. ¡Bravo, Rafa! Es de agradecer tu estudio (puesto que esto es más que un artículo), en el que razona tanto el músico como el médico, puesto que posees ambas calidades. Gracias en nombre de los músicos y las revistas que informan sobre música, que algunos quisieran ver desaparecidas. Habrá que resistir, pese a resentidos y nibelungos varios.

    1. Gracias Santiago, habrá que resistir, sí. Y habrá que hacerlo con integridad. La que no demuestra él, por cierto, que ha modificado el texto de su artículo en su revista (no en La Razón, claro) para suavizar un poco su ataque a los músicos de orquesta, especificando que la OSM está en un ERTE y «explicando» que «hay funcionarios músicos que trabajan en casa y quienes no», y que «en cualquier caso, el trabajo en solitario en casa no es lo mismo que un ensayo o un concierto, tocando junto a otros, y eso probablemente se dejará notar». Aparte de quedarse calvo discurriendo, tal vez no se da cuenta de que la propia enmienda es una chapuza, porque no ha cambiado lo que decía varias líneas más arriba: «…se está muy bien cobrando, sin conciertos y sin ensayos». No acierta ni cuando rectifica.
      En fin, no sé qué porvenir tendremos quienes nos dedicamos a estas tareas. Lo que sí se es que, el que suscribe y algunos más, intentaremos hacerlo con dignidad, integridad y rigor.

      1. Desde luego la rectificación ha sido para dejar más claro,su ineptitud..la libertad de expresión nunca debe quedar por encima de la falta de respeto hacia los demás..Respeto palabra que está en el diccionario..

  14. Señor Rafael Ortega,imposible explicar mejor una realidad ,un hecho y el tremendo momento que vivimos todos los humanos.
    Gracias por este intachable articulo, que por desgracia no entenderá «el periodista»porque carece de espacio en su cabeza para el entendimiento.
    Solo quien conoce científicamente puede decidir…solo quien conoce el interior de los músicos pueden opinar.Un abrazo

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